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Tras perder en nueve departamentos, incluido Posadas, el Frente Renovador atraviesa tensiones internas y cruces entre intendentes y dirigentes.

 

 

 

La derrota del Frente Renovador de la Concordia en las elecciones legislativas del domingo dejó una fuerte tensión interna y una seguidilla de pases de factura dentro del oficialismo misionero.

 

 

 

 

 

El golpe político fue duro: la Renovación perdió en nueve de los diecisiete departamentos, y lo más doloroso para la cúpula fue la caída en Posadas, un bastión histórico que solía compensar los resultados adversos del interior. La lista de La Libertad Avanza, encabezada por Diego Hartfield, se impuso en la capital y varios municipios clave.

 

 

 

 

 

 

Dentro del espacio renovador, los primeros señalados fueron los intendentes, acusados de no haberse “movido” lo suficiente durante la campaña. Pero desde el interior retrucan: aseguran que la lista estaba “mal armada” y que solo Oscar Herrera Ahuad recorrió la provincia, mientras que Micaela Gacek y Walter Rosner “se mostraron poco y nada”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros apuntan a los “funcionarios que no funcionan”, criticando la falta de presencia territorial de varios dirigentes que prefieren las oficinas de Posadas antes que el trabajo de campo.

 

 

 

 

 

También se mencionan internas políticas y operaciones fallidas: según trascendió, hubo intentos de “tumbar” a Cacho Bárbaro, pero la estrategia no resultó, especialmente en San Vicente, donde la Renovación quedó tercera. “Parece que no sirvió mucho lo que armó Gervasoni… y encima salió caro”, lanzó con ironía un dirigente del centro provincial.

 

 

 

 

El núcleo duro del oficialismo habría subestimado a Hartfield, a quien describían como “un cheto misionero venido de Buenos Aires que no iba a ganar acá”. La realidad electoral demostró lo contrario: La Libertad Avanza metió dos diputados, y la Renovación debió conformarse con ingresar solo por la minoría, algo que no ocurría desde 2019.

 

 

 

 

 

 

 

Otro blanco de las críticas es la alianza con Martín Sereno y su espacio Tierra, Techo y Trabajo, cuyos votos “nunca aparecieron”, según admiten en privado algunos referentes.

 

 

 

 

 

 

Además, dentro del frente oficialista reconocen que aún persisten heridas abiertas con sectores claves, que antes estaban dentro del oficialismo. No militaban pero apoyaban. Tal como: docentes, policías y penitenciarios, quienes luego del conflictos salariales y las tensiones derivadas de las protestas reprimidas y detenciones de efectivos en años anteriores.

 

 

 

 

 

 

“La marca de la Renovación ya no tracciona como antes”, reconoció un referente en reserva. Otros van más allá: creen que el 2027 podría marcar un punto de inflexión y que, si el desgaste continúa, la oposición podría avanzar sobre varios municipios e incluso pelear el gobierno provincial.

 

 

 

 

 

 

Por ahora, reina el silencio público. Pero puertas adentro, la crisis es evidente. Los principales dirigentes preparan una reunión de emergencia para evaluar el golpe electoral y definir cómo seguir en un escenario donde la hegemonía renovadora ya no parece intocable.