Un zorro bebé apareció en un patio de Apóstoles y se puso a jugar con los perros como si nada. La Policía intervino y la amistad duró lo que un recreo.
Una mañana tranquila en el barrio Irigoyen de Apóstoles se transformó en una escena digna de un documental improvisado cuando una vecina descubrió que sus perros no estaban ladrando a alguien… sino jugando felizmente con un cachorro de zorro que se había colado al patio como quien cae sin avisar a la previa.
El pequeño intruso, lejos de asustarse, se paseaba entre los perros con total confianza, como si fuera el nuevo recluta del grupo. La dueña de casa, sorprendida por la insólita postal, decidió llamar a la Policía antes de que el episodio de amistad interspecies se volviera demasiado intenso.
Cuando los efectivos llegaron, confirmaron que se trataba de un zorrito joven, sano, simpático y con cero conciencia de que estaba muy lejos de su hábitat natural. Por razones de seguridad —para evitar que algún perro lo confundiera con un juguete de lujo— lo resguardaron en la comisaría mientras se activaba el protocolo de fauna silvestre.
Más tarde, el pequeño protagonista fue entregado a un guardafauna especializado, encargado de llevarlo a un entorno adecuado, donde podrá crecer sin tener que aprender trucos perrunos ni compartir el agua del bebedero.
La historia cerró sin heridos, sin delitos y con la certeza de que, por un ratito, Apóstoles tuvo la amistad más tierna y breve del fin de semana.





