​Susto total en el barrio Santa Helena. Una pequeña pisó mal al subir a un auto y su pierna quedó trabada en la rejilla. Bomberos y Policías trabajaron a contrarreloj.

 

 

 

​Lo que parecía el cierre de una tarde tranquila de lunes en el barrio Santa Helena se transformó, en un abrir y cerrar de ojos, en una pesadilla para una familia de Garupá. Eran cerca de las 19:40, cuando un grito de dolor y desesperación alertó a los vecinos: una nena no podía moverse y el pánico se apoderó de la vereda.

​Todo pasó en un segundo. La pequeña estaba por subir al auto de la familia frente a su casa cuando, al dar el paso, el destino le jugó una mala pasada.

Pisó justo sobre la estructura de una boca de tormenta, perdió el equilibrio y, como si fuera una trampa, su pierna derecha se deslizó entre los hierros. Por más que intentaron sacarla con cuidado, la extremidad quedó calzada de tal forma que cualquier movimiento brusco amenazaba con lastimarla seriamente.

​La madre de la criatura, una mujer de 41 años que no podía creer lo que veía, llamó desesperada al 911.

Los primeros en llegar fueron los efectivos de la Comisaría Quinta, quienes se encontraron con una escena angustiante: la nena llorando y los vecinos amontonados tratando de ayudar. Los uniformados tuvieron que hacer de psicólogos y rescatistas a la vez, conteniendo a la familia mientras aseguraban que nadie tocara nada hasta que llegaran los expertos.

​El operativo de rescate tuvo que ser quirúrgico. Se pidió el apoyo inmediato de los Bomberos de Garupá, quienes llegaron con las herramientas necesarias para trabajar sobre el metal sin dañar a la víctima.

Fueron minutos de muchísima tensión, donde el silencio de la cuadra solo se interrumpía por las órdenes de los rescatistas y las palabras de aliento para la nena, que aguantó como una campeona.

​¿Quién fue la protagonista de este milagro bajo la lluvia? Se trata de una nena de apenas 7 años, cuya identidad se resguarda por razones legales. Gracias al laburo coordinado entre la Policía y los Bomberos, lograron abrir los hierros lo suficiente para liberarla sana y salva. Tras el susto, la pequeña fue revisada y, más allá del raspón y el miedo, pudo volver a los brazos de su madre, dejando atrás lo que pudo haber sido una desgracia en una tarde de Garupá.