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Escándalo en Jardín América: una docente de 35 años, que ya estaba tras las rejas por vaciarle el home banking a su tía, fue denunciada ahora por sus propias colegas tras gestionar créditos millonarios con sus datos personales.

 

 

La caída de esta docente de 35 años en Jardín América parece no tener techo y cada vez son más los damnificados que se animan a romper el silencio.

 

 

 

 

Lo que arrancó el pasado 7 de enero como un drama familiar, donde la mujer terminó tras las rejas por estafar a su propia tía, ahora escaló al ámbito escolar. Resulta que la «maestra» no solo tenía la mano larga con los parientes, sino que también aplicaba un aceitado modus operandi para sacarle el jugo a la confianza de sus compañeras de trabajo.

 

 

 

 

La investigación de la Unidad Regional IX se puso espesa este 10 de enero, cuando una colega de 41 años se acercó a la comisaría a contar su verdad. Según relató Silvina, la docente ahora detenida aprovechaba cualquier trámite del laburo para pedir copias del DNI, el CBU y hasta esa fotito de la cara que hoy te piden todas las aplicaciones.

 

 

 

 

 

El mate más caro de su vida: fue a visitar a la tía y casi le «sopla» más de un millón de pesos

 

 

 

 

 

Con toda esa «data» en mano, la mujer se mandaba solita y gestionaba préstamos en mutuales. A Silvina le encajó un crédito de más de 250 mil pesos a pagar en dos años, y la pobre mujer recién se desayunó de la deuda cuando vio los descuentos en su cuenta.

 

 

 

Lo más triste de esta historia es que la primera en caer fue su tía, Elvira, una señora de 68 años a la que la sobrina le hizo el «cuento del tío» moderno: le pidió hacer el reconocimiento facial biométrico diciendo que era para un préstamo de ayuda, pero terminó modificando todos los accesos al home banking y manoteando un crédito de un millón de pesos.

 

 

 

Desde la Policía de Misiones y la división de Cibercrimen ya avisaron que esto no es un hecho aislado. La docente ya venía con el «lomo curtido» en denuncias previas de otras compañeras que cayeron en la misma trampa del préstamo fantasma.

 

 

 

Mientras la mujer sigue alojada en la celda a disposición del juez, los peritos están desculando su teléfono celular porque están convencidos de que van a aparecer muchas más víctimas que todavía no se animaron a denunciar por vergüenza o porque todavía no revisaron bien sus movimientos bancarios.