Tras dos denuncias por robo de celulares y radios en Villa Martos, la policía desbarató a un grupo familiar que actuaba en conjunto. Hubo tres detenidos.

​Lo que comenzó como una denuncia aislada por la pérdida de un celular terminó destapando una seguidilla de ataques coordinados. Los sospechosos no solo compartían la zona de acción, sino que regresaban juntos a la misma casa tras cada golpe.

​El descuido y la sombra en el patio

 

 

 

 

 

 

​La primera alerta llegó desde el sector laboral de la ciudad. Un hombre de 49 años, concentrado en sus tareas diarias, fue víctima de un movimiento rápido y silencioso: en un segundo de distracción, su herramienta de comunicación desapareció.

Testigos en la zona señalaron haber visto a una mujer y a un jovencito alejarse con prisa del lugar, pero nadie imaginaba que ese sería solo el comienzo.

​Horas más tarde, la tensión se trasladó al barrio Villa Martos. Allí, un vecino de 40 años fue despertado durante la madrugada por ruidos extraños que provenían de su patio. Al asomarse, la escena fue desconcertante: no era un ladrón solitario, sino un grupo que actuaba con total naturalidad dentro de su propiedad. Tras sustraer una radio portátil y varios objetos de valor, los delincuentes huyeron hacia la oscuridad.

​El operativo cerrojo en el Aeroclub

 

 

 

 

 

​La División Patrulla Motorizada de la UR-II inició un rastreo minucioso cruzando los datos de ambos hechos. La descripción de los sospechosos coincidía de manera alarmante. Tras varias horas de vigilancia y tareas de inteligencia, los efectivos lograron cercar a los sospechosos en el barrio Aeroclub.

​Al momento de la interceptación, la sorpresa fue mayúscula para los uniformados al constatar que los elementos robados estaban en poder del integrante más joven del grupo. La requisa permitió recuperar el Samsung Galaxy A7 y la radio portátil denunciados momentos antes.

​El desenlace: identidades y vínculos

 

 

 

 

 

​Con el procedimiento finalizado, la justicia reveló la cara detrás de la seguidilla de robos. Se trataba de una estructura familiar completa volcada al delito: Lorena B. (36), su pareja Alberto C. (26) y el hijo de la mujer, Emiliano B., de apenas 15 años. Los adultos quedaron detenidos, mientras que el adolescente fue demorado y puesto a disposición de la Comisaría Seccional Tercera y el juzgado de menores, cerrando así una jornada de delincuencia compartida.