En una entrevista televisiva, el Presidente justificó los calificativos contra su par brasileño y apuntó contra referentes de la oposición nacional e internacional.
El clima diplomático y político volvió a tensarse tras las contundentes declaraciones del presidente argentino durante una entrevista televisiva otorgada a la señal La Nación+. En el reportaje, el mandatario ratificó sus duras críticas contra el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien volvió a tildar de «ladrón», «corrupto» y «presidiario», sosteniendo que sus expresiones solo se limitan a describir hechos objetivos.
Al ser consultado sobre sus dichos formulados durante su reciente viaje a Brasil para participar en el lanzamiento electoral de Flavio Bolsonaro, el jefe de Estado argumentó que a Lula «lo liberaron por una falla administrativa, no por ser inocente».
En esa misma línea, enmarca sus posturas en la defensa de «las ideas de la libertad» y recordó que otros referentes de la izquierda regional —como Gustavo Petro, Evo Morales, Rafael Correa y el español Pedro Sánchez— lo atacaron verbalmente en reiteradas oportunidades sin recibir el mismo nivel de cuestionamientos.
El mandatario también reservó duras descalificaciones para el ámbito de la política local. Apuntó contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, a quien calificó de «comunista» y responsabilizó de provocar un estancamiento en el territorio bonaerense producto de un sesgo ideológico que, según sus palabras, termina por destruir todo lo que administra.
En el tramo final de la entrevista, minimizó las acciones judiciales y el peso político de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, afirmando que sus presentaciones le «importan un rábano».
El Presidente remarcó que su foco está puesto en cumplir las metas fijadas al asumir el Ejecutivo, asegurando que ya concretó las principales promesas de campaña y que continuará avanzando con su plan de reformas para diferenciarse del «modelo de decadencia» anterior.





