Roque Gervasoni salió a defender a Rovira tras su regreso a la Legislatura. Qué hay detrás del mensaje que se viralizó en la política misionera.
En medio de un clima de especulaciones sobre el estado real de la interna renovadora, el militante digital Roque Gervasoni publicó un texto de una carga elogiosa poco habitual hacia Carlos Eduardo Rovira, tras su regreso a la Cámara de Representantes. Más que despejar dudas, la publicación terminó exponiendo la magnitud del verticalismo que todavía rige puertas adentro del oficialismo provincial.
En medio del clima de especulaciones y fuego cruzado que rodea al oficialismo provincial, el referente y militante digital de la Renovación, Roque Gervasoni, irrumpió en sus redes con una publicación de alto voltaje emotivo para celebrar el retorno de Carlos Eduardo Rovira a la Cámara de Representantes.
La reaparición del conductor partidario —que había llamado la atención por su ausencia en la sesión ordinaria de la semana anterior— fue descrita por el dirigente en tonos casi líricos, en lo que puede leerse como un intento de bajarle el tono a los rumores de una fractura irreversible con el Poder Ejecutivo y, de paso, reorientar el eje de la confrontación hacia la oposición nacional.
Una oda al conductor: «sin enojos, sin rencores y magnánimo»
Con un texto que rápidamente circuló en los círculos políticos de la provincia, Gervasoni buscó dar por cerrada la ola de conjeturas sobre el estado de la cúpula oficialista y la disputa por las cajas estatales, describiendo la jornada parlamentaria desde un prisma de lealtad absoluta —una postura que, en la jerga política, bien podría describirse como un ejercicio de genuflexión partidaria:
«Y un día volvió, sin enojos, sin rencores, sonriendo, magnánimo, saludó a todos con una sonrisa, consciente de que no hay enemigos entre los que ayer iban a las previas. El enemigo es violeta o la UCR con gorra, y ni siquiera enemigos, solo adversarios; y como dice el refrán, el que nada debe nada teme.»
«Fin de las especulaciones, no tomó el micrófono, no agredió ni chicaneó, ni siquiera malos gestos tuvo. Impecable. Pues a seguir trabajando, que es lo que la gente necesita. Aplaudo la entereza y la actitud de caballero de un político excepcional.»
Toda esta polémica se armó tras la actitud del diputado Juan José Szychowski, quien la semana pasada salió a cuestionar la ausencia de Carlos Rovira en la sesión anterior. Es su discurso decía que «dar la cara» haciendo referencia claramente a la silla vacía del conductor de la Renovación.
Pero en esta nueva sesión, apenas apareció Rovira, Szychowski y otros diputados del oficialismo se abalanzaron para saludarlo, como si nada había pasado.
La orden de desviar la atención: el foco en la marea violeta y la UCR
El trasfondo del mensaje de Gervasoni no se agota en la profesión de fe hacia su líder, sino que responde a una necesidad estratégica más amplia: reescribir el relato de la interna en un momento en que la disputa doméstica empieza a filtrarse hacia afuera. Frente al avance de la reconfiguración ministerial y los roces entre el círculo áulico de Rovira y los sectores más cercanos a Passalacqua, el vocero renovador buscó reubicar la línea de confrontación en otro tablero:
- Identificación del adversario funcional: apuntó de manera implícita al crecimiento de La Libertad Avanza (los «violetas») y a la Unión Cívica Radical, en un intento de licuar la disputa interna e instalar la idea de que la verdadera contienda se dará contra el modelo nacional.
- La puesta en escena de la compostura: al remarcar que Rovira optó por el bajo perfil, la sonrisa y la ausencia de «chicanas», la militancia digital construye la imagen de un estratega inalterable frente a la pirotecnia de los funcionarios de turno y a las versiones que circulan en los pasillos del poder.
Entre la épica militante y el elogio desmedido
Para buena parte de los analistas del mapa político provincial, la publicación de Gervasoni se ubica entre las intervenciones más explícitas —y también más funcionales al relato oficial— de los últimos tiempos dentro del espacio gobernante. El quiebre entre Rovira y Passalacqua es, hasta el momento, más una hipótesis instalada en la city política que un hecho confirmado: no hay definiciones públicas que lo respaldan, más allá de gestos, ausencias y lecturas cruzadas que alimentan la especulación.
En ese contexto, la respuesta de la tropa digital propia apeló a la figura casi mística de la jefatura partidaria para intentar cohesionar un espacio que, puertas adentro, muestra fisuras cada vez más difíciles de disimular. Mientras en el interior provincial la dirigencia de base sigue con atención el reacomodamiento de fichas y el avance del voto libertario, la militancia oficialista redobla la apuesta discursiva antes que abrir la puerta a cualquier lectura de debilidad.
Con Rovira de nuevo en su banca y la tropa rovirista digital alineada detrás de él, la incógnita que queda planteada es si esta demostración de lealtad partidaria alcanza para contener el desgaste de las segundas líneas, o si se trata apenas de una tregua discursiva dentro de una interna que, se sepa o no de manera pública, sigue latente.






