Mientras los salarios reales caen, los senadores nacionales se indexaron el bolsillo: cobrarán $11.500.000 gracias a un mecanismo de aumento automático. Una burla a la austeridad en plena crisis.
Mientras el ciudadano de a pie hace malabares para que el sueldo no se le escurra entre los dedos antes de llegar a la mitad del mes, en los pasillos dorados del Congreso la realidad se percibe con otro cristal.
La clase política, esa que siempre pide «un esfuerzo más» a los jubilados y trabajadores, acaba de sellar un nuevo acuerdo para que sus cuentas bancarias no sufran el frío de la crisis.
Tras una amena reunión en la Secretaría Administrativa, los gremios y los representantes del pueblo acordaron un aumento escalonado del 11,9%. Porque claro, para ellos no hay «techo» ni «austeridad» que valga cuando se trata de asegurar el bienestar propio.
El aceitado sistema de la felicidad automática
Lo más fascinante de esta casta es su capacidad creativa para la supervivencia financiera. Desde abril de 2024, los senadores gozan de un sistema «automático»: cada vez que los empleados del Congreso consiguen un aumento, ellos, por efecto de una mágica gravedad económica, también suben.
No necesitan debatir, no necesitan dar explicaciones en el recinto, ni mucho menos mostrar productividad. El sistema de los 4.000 módulos (repartidos entre representación, desarraigo y el sueldo básico) funciona como un reloj suizo. Con este último «ajuste», la dieta de un senador escalará a la módica suma de 11.500.000 pesos.
Los detalles del banquete
La generosidad de los legisladores para con ellos mismos no se detiene en el sueldo:
El aguinaldo «encubierto»: Se inventaron una decimotercera dieta anual para no ser menos que el resto de los mortales y cobrar su propio aguinaldo.
El reparto escalonado: El 11,9% se divide en cuotas mensuales hasta mayo, asegurando que la inflación no les toque ni un gramo de su nivel de vida.
La firma del pacto: El documento lleva la rúbrica de secretarios administrativos, parlamentarios y jefes gremiales. Un consenso perfecto cuando el botín es el dinero del contribuyente.
¿Y el resto del país?
Resulta casi poético que, en un contexto de ajustes estructurales y bolsillos flacos, un solo funcionario legislativo perciba en bruto más de 11 millones de pesos. Por supuesto, ellos dirán que «pagan ganancias» y que el descuento del 35% los deja en una situación delicada.
Es la eterna historia de la política argentina: un divorcio absoluto entre la realidad de la calle y la burbuja del Congreso. Mientras el trabajador promedio reza por un bono que cubra la canasta básica, los senadores se sientan a firmar resoluciones que los mantienen en el podio de los privilegiados, lejos, muy lejos, del «hambre y la sed» que padece el pueblo que dicen representar.
Puntos clave del «ajuste» legislativo
Sueldo bruto: $11.500.000 mensuales. Aumento total: 11,9% acumulado hasta mayo de 2026. Mecanismo: Enganche automático con las paritarias de los empleados legislativos. Privilegios extra: Gastos de representación, desarraigo y 13 sueldos al año.





