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El sacerdote Marcos Szyszkowski lamentó las muertes de Martín y Nati. Denunció presión, maltratos y el miedo de los agentes a pedir ayuda dentro de la fuerza.

 

 

 

 

La muerte de una joven oficial de Santo Pipó en los últimos días ha vuelto a poner sobre la mesa una problemática que suele quedar sepultada bajo la rigidez de la disciplina institucional: la salud mental de quienes cuidan a la sociedad.

El capellán de la Policía de Misiones, Marcos José Szyszkowski, rompió el silencio con una carta abierta cargada de autocrítica y dolor, recordando que en pocos meses la fuerza perdió a dos de sus integrantes: Martín y Nati.

«No son números ni titulares», expresó el sacerdote, subrayando que detrás de cada uniforme hay una persona que, muchas veces, carga con batallas internas invisibles. Su mensaje no solo fue un homenaje, sino una denuncia directa sobre el sistema de presiones, humillaciones y violencia psicológica que, según sus palabras, se ha naturalizado dentro de la institución.

El peligro del silencio y el miedo a la sanción

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno de los puntos más críticos que señaló Szyszkowski es el temor que sienten los efectivos a manifestar que necesitan ayuda. En un entorno donde la fortaleza se confunde con la falta de emociones, pedir acompañamiento —ya sea psicológico o espiritual— es visto por muchos como una debilidad que puede derivar en sanciones o en quedar «marcado» por los superiores.

El capellán advirtió que en algunos casos incluso se desalienta el acercamiento a su oficina: «Piden ayuda y eligen callar, y ese silencio se vuelve más peligroso que cualquier otra cosa», sentenció.

«Cuidado por nadie»: El desgaste del agente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sacerdote describió una realidad cruda: el policía es el primer eslabón al que la comunidad recurre en busca de auxilio, pero rara vez recibe reconocimiento. Por el contrario, Szyszkowski denunció que los agentes enfrentan:

  • Presión desmedida y maltratos constantes.

  • Falta de protocolos que prioricen la salud mental sobre el castigo administrativo.

  • Aislamiento emocional, donde el arma no es el único peso, sino «la carga que llevan en el alma».

 

 

 

 

Un pedido de auxilio y un teléfono abierto

 

 

 

 

 

 

Haciendo un llamado a la humanización de la fuerza, el capellán instó a los jefes a formarse para acompañar y no solo para mandar. En un gesto de compromiso directo, puso su teléfono personal a disposición de cualquier efectivo que esté atravesando un momento difícil, recordándoles que «pedir ayuda es un acto de valentía».

Finalmente, el mensaje se extendió a toda la sociedad misionera, pidiendo que estas tragedias no sean simplemente noticias de un día, sino un llamado a preguntarle al de al lado: «¿Cómo estás de verdad?».