Sturzenegger asume

 

 

El ministro de Desregulación incluyó artículos polémicos que recortan pagos por enfermedad y favorecen a sus amigos empresarios. Senadores libertarios advierten que peligran los acuerdos políticos.

 

 

 

La interna dentro de la Casa Rosada ha sumado un nuevo capítulo de tensión que amenaza con descarrilar el avance legislativo de la reforma laboral.

El foco del conflicto apunta directamente a Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, a quien señalan por haber introducido modificaciones de «último momento» que dinamitaron los frágiles acuerdos políticos construidos con sectores de la oposición dialoguista y el sindicalismo moderado.

El malestar no solo proviene de los bloques opositores, sino que ha calado hondo en las filas de La Libertad Avanza. Según revelaron fuentes parlamentarias, la inclusión de cláusulas que no estaban en el borrador original ha sido interpretada como una provocación innecesaria en un momento donde cada voto en el Congreso cuenta. «Nadie se anima a decírselo de frente por su cercanía directa con el Presidente», confió un legislador del oficialismo bajo estricto anonimato.

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Los dos artículos de la polémica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los puntos que desataron la furia de los negociadores políticos son dos y tienen un alto impacto tanto social como corporativo:

  • Licencias por enfermedad: El texto introducido propone que los días de licencia médica se paguen al 50% del salario, una medida que los gremios consideran un ataque directo a los derechos básicos de seguridad social.

  • El factor Mercado Pago: Se incluyó la posibilidad de que los sueldos puedan liquidarse a través de billeteras virtuales. En los pasillos de Balcarce 50, esta medida se lee como un «traje a medida» solicitado por Marcos Galperin, dueño de Mercado Libre, lo que alimenta las críticas sobre el sesgo de la reforma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un escenario legislativo cuesta arriba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La estrategia de Sturzenegger ha dejado en una posición incómoda a los encargados de «porotear» los votos en el Senado. Mientras la gestión de Javier Milei intenta mostrar una imagen de gobernabilidad y avance institucional, estas modificaciones obligan a retroceder en las negociaciones para evitar que el proyecto sea rechazado de plano.

Para los analistas, este episodio deja en evidencia la dualidad del Gobierno: la necesidad de un pragmatismo político para sacar las leyes frente al purismo ideológico que encarna Sturzenegger, cuya agenda de desregulación parece no tener en cuenta los tiempos ni los costos políticos del Congreso.