La tensión en la Casa Rosada llegó a un punto crítico. Acusan a la Vicepresidenta de ser funcional a la oposición y de negociar cargos antes de ganar las elecciones.
La relación entre la Casa Rosada y la vicepresidenta Victoria Villarruel atraviesa su momento más oscuro tras la apertura de sesiones ordinarias. Lo que comenzó como un desplante protocolar en el Congreso el pasado domingo, se transformó en las últimas horas en una guerra abierta de declaraciones que expone la fractura total en el núcleo duro de La Libertad Avanza.
Desde el entorno más cercano al presidente Javier Milei, las críticas hacia la titular del Senado subieron de tono de manera drástica. “Lo único que queremos es que haga su trabajo. Empujar y defender la agenda del Gobierno porque para eso la votaron”. Sin embargo, la bronca escaló a lo personal: en los pasillos de Balcarce 50 aseguran que Villarruel “no tiene la más mínima gota de dignidad”.
El pliego de cargos contra la Vice
El oficialismo no solo le cuestiona su presente en el Senado, sino que le factura movimientos políticos previos a la llegada al poder:
Reparto anticipado de cargos: Le reprochan haber negociado ministerios con sectores del «larretismo» antes de que el espacio ganara las elecciones.
Armado paralelo: La acusan de haber promovido al Partido Demócrata en la provincia de Buenos Aires para restarle peso territorial a La Libertad Avanza.
Funcionalidad opositora: La lectura de la Casa Rosada es que Villarruel «abrió el Senado» para facilitar que la oposición golpee el programa económico.

El cruce con Petri: de «fracaso» a «vieja chusma»
La tensión tuvo su pico máximo este lunes en un intercambio público con el diputado nacional Luis Petri. Luego de que el legislador mendocino afirmara que ella «apostó al fracaso del Gobierno», Villarruel no se quedó callada y le respondió con dureza, pidiéndole que deje de comentar “como una vieja chusma”.
Además, la Vicepresidenta contraatacó con una acusación directa a la gestión del legislador en su paso por el Ejecutivo, señalando el «vacío que dejó en IOSFA» (la obra social de las fuerzas de seguridad).
Pese al pedido implícito de alejamiento que emana de algunos sectores libertarios, Villarruel ya dejó en claro su postura: no piensa renunciar a su cargo, desafiando los deseos de un sector del oficialismo que hoy la ve más cerca de la oposición que de la Casa Rosada.





