Ante la falta de laburo y los despidos, miles de misioneros cruzan la frontera para trabajar en las cosechas de uva y manzana. Caixas do Sul es el destino más buscado para juntar reales y traer a casa.
Ya no es solo el que busca una diferencia con el cambio o el que quiere conocer otros aires. Hoy, cruzar la frontera se volvió una necesidad básica para que muchas familias de la provincia puedan seguir parando la olla.
El dato asusta: se estima que más de mil personas por día están cruzando los pasos fronterizos hacia Brasil con un solo objetivo: las cosechas de uva y manzana.
La reciente caía brutal del consumo, va dejando trabajadores en la calle día a día. Esta situación empujando a los misionero a buscar el mango del otro lado del río. Con las industrias locales achicándose y los despidos a la orden del día, el Real se volvió la moneda de la esperanza.
Destino: Caixas do Sul
Si bien siempre hubo «golondrinas» que cruzaban, este año el movimiento es una locura. Los grupos de WhatsApp que pasan info sobre laburo en Brasil están explotados; no entra un alfiler. El destino preferido es Caixas do Sul, donde este año se espera una cosecha récord de manzanas.
La movida es variada:
Los «contratistas»: Tipos que arman grupos en Misiones y los llevan con todo supuestamente organizado.
Los aventureros: Los que cargan la mochila, pasan por El Soberbio o Bernardo de Irigoyen y se mandan «a la que te criaste» a buscar patrón.
La meta: Laburar dos o tres meses a sol y sombra. La mayoría busca que el patrón les dé el «rancho» (comida) y un lugar donde tirar el colchón, así pueden volver a Misiones con cada real que ganaron para sus familias que se quedan acá rezando para que vuelvan bien.
No todo lo que brilla es oro
Pero ojo, que cruzar no es garantía de nada. En la frontera se comenta de todo. Están los que pegan un buen patrón y vuelven con el bolsillo lleno, y están los que caen en redes de explotación donde los hacen laburar como esclavos por dos mangos.
Mientras tanto, en las casas misioneras queda el silencio de los que faltan. Padres, hijos y hermanos que se van con la fe de traer algo de alivio a una economía argentina que sigue castigada, dejando al laburante con la única opción de emigrar para sobrevivir.







