Sucedió el sábado a la tarde. Un hombre de 47 años manejaba un Twingo totalmente borracho, perdió el control y chocó un poste de luz. Casi triplicaba el límite de lo que ya es una locura.
Este sábado por la tarde, la Ruta Provincial 103 fue el escenario de una irresponsabilidad que, de milagro, no se cobró la vida de algún inocente que pasaba por el lugar. Cerca de las 16:30, a la altura del acceso a Mártires, un auto terminó su recorrido contra un poste de luz, dejando en evidencia un estado de ebriedad escandaloso.
El protagonista de este papelón vial venía al mando de un Renault Twingo, haciendo el trayecto desde Santa Ana hacia Oberá.
En un tramo donde la ruta exige atención, el conductor perdió el dominio por completo: el coche mordió la banquina, se descontroló y fue a parar de lleno contra una columna de alumbrado público.
El impacto fue seco y los daños materiales en el vehículo fueron importantes, pero lo peor estaba por saltar cuando los policías se acercaron a hablar con el hombre.
Al bajar la ventanilla, el olor a alcohol era tan fuerte que los efectivos de la Comisaría de Mártires no necesitaron mucha ciencia para darse cuenta de lo que pasaba. Sin embargo, para que no queden dudas, llamaron a la gente de Seguridad Vial y Turismo para hacer el soplido de rigor.
El resultado del test de alcoholemia dejó a todos mudos: el aparato marcó 2,55 gramos de alcohol por litro de sangre, una cifra que explica por qué el poste de luz terminó siendo el freno del auto.
Con semejante nivel de alcohol en el cuerpo, es un misterio cómo el hombre logró manejar tantos kilómetros antes de chocar. Por supuesto, la aventura terminó ahí mismo: el conductor fue bajado del auto y llevado directamente a la comisaría para que se le pase el efecto tras las rejas, mientras que el Twingo fue acarreado por la grúa policial y quedó secuestrado.
¿Quién es el irresponsable que puso en riesgo a media provincia? Se trata de Mario José G., de 47 años. Ahora, además de quedarse sin auto por un buen tiempo, tendrá que enfrentar una causa judicial y una multa que, seguramente, le va a salir mucho más cara que cualquier asado. La Justicia ya tomó cartas en el asunto para que este tipo de «vivos» entiendan que con la seguridad de los demás no se juega.






