Festejos de Navidad fuera de control en Apóstoles. Un joven alcoholizado provocó disturbios en la casa de su cuñado y terminó tras las rejas. El test de alcoholemia dio un resultado sorprendente.
Apóstoles. Para la mayoría de los vecinos, la noche del 25 de diciembre marcaba el momento de la digestión lenta y el descanso tras el trajín de las fiestas. Sin embargo, en una vivienda del barrio Esperanza, un joven parecía estar convencido de que la Navidad era un maratón de resistencia y que el brindis de medianoche todavía podía estirarse unas cuantas horas más.
Cerca de las 21:00 horas, cuando ya se cumplían casi 24 horas de festejos ininterrumpidos, la «ronda de tragos» dejó de ser amena para transformarse en un dolor de cabeza familiar. El entusiasta del festejo, lejos de aceptar que el calendario avanzaba, comenzó a mostrar un estado de alteración que agotó la paciencia de su propio círculo íntimo. Fue su propio cuñado quien, ante la imposibilidad de calmar los ánimos y las molestias que el joven ocasionaba, decidió que el mejor regalo para cerrar la jornada era una llamada al 911.
Efectivos de la Comisaría Segunda (UR-VII) llegaron al domicilio para oficiar de «anfitriones» de un final de fiesta poco glamoroso. En el lugar, se encontraron con un sujeto que apenas lograba sostener el espíritu navideño —y su propio peso—, por lo que procedieron a su demora inmediata para evitar que el escándalo pasara a mayores.
El «récord» y la identidad del trasnochado
El desenlace de la jornada se trasladó a la dependencia policial, donde el equipo de alcoholemia esperaba con el soplímetro listo. El resultado del test explicó perfectamente por qué el joven se sentía tan animado para seguir la jarana: el aparato marcó unos impactantes 1,89 g/l de alcohol en sangre, una cifra que lo dejaba más cerca de la inconsciencia que de la cena de sobras de Navidad.
El protagonista de esta Navidad extendida fue identificado como Iván V., de 20 años. Por decisión de las autoridades y para alivio de sus parientes, el joven pasó el resto de la noche alojado en la comisaría, donde finalmente pudo dormir plácidamente la «mona» en el calaboso, quedando a disposición de la justicia por los disturbios ocasionados.





