El Gobierno nacional oficializó los nuevos cuadros tarifarios para febrero de 2026. El gas sufrirá un salto promedio del 16,9%, mientras que la luz subirá un 3,6%. Los detalles del impacto en los hogares.
Como si no alcanzara con lo que ya cuesta llegar a fin de mes, el Gobierno confirmó que febrero de 2026 arranca con «novedades» en las boletas. Se vienen nuevos ajustes en los servicios públicos: la luz subirá un 3,6% y el gas pegará un salto más fuerte, promediando un 16,9% en todo el país.
Desde el Ejecutivo dicen que la movida es para «dar previsibilidad» y supuestamente para que no nos asustemos cuando lleguen los fríos del invierno.
La idea —según el libreto oficial— es unificar el precio del gas todo el año. Claro, el problema es que nos toca pagar el aumento ahora en febrero, cuando el consumo es bajo, para intentar equilibrar las cuentas de un sistema energético que quedó atrasado.
¿Cómo te va a pegar el aumento del gas?
El ajuste del 16,86% para el gas impactará en todos, pero no a todos por igual. El Gobierno sacó la calculadora y tiró estos números:
Hogares con poco consumo (R1): Unos 4 millones de hogares pagarían hasta $3.000 más.
Los más «gasoleros»: 1 de cada 5 usuarios vería una suba menor a $1.000.
Clase media y media-baja: Para el 70% de los usuarios, el incremento rondará entre los $960 y los $6.400.
Consumo alto: El 30% restante, los que más gastan, tendrán que preparar la billetera para subas que van desde los $2.900 hasta los $11.300 de promedio.
La luz: un «toquecito» más
En cuanto a la electricidad, el aumento del 3,59% está confirmado para el AMBA (Edenor y Edesur). Para el resto del país —incluyendo nuestra sufrida Misiones— el ajuste final dependerá de lo que decida cada jurisdicción provincial y las cooperativas eléctricas, que siempre tienen su propio «recargo» por el costo de transporte y distribución.
Las claves del tarifazo
¿Por qué suben? Según el Gobierno, es un combo: la inflación que no frena (ajuste por IPC), la bendita «Revisión Quinquenal» y el nuevo esquema de subsidios focalizados (SEF).
Básicamente, están tratando de que las empresas no pierdan valor mientras intentan desarmar la bomba de tiempo que dejaron los que despilfarraron el dinero de la nación por décadas. La pregunta que se hace el laburante es una sola: ¿Hasta cuándo va a aguantar el bolsillo?





