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El IPS se quedó sin fondos para pagar los haberes y el Gobierno provincial tuvo que sellar un auxilio de 50 mil millones con Nación para evitar recortes.

 

 

El sistema previsional de la tierra colorada no aguanta más y los aportes locales no alcanzan para cubrir los pagos. Para evitar un colapso total, se tuvo que firmar un rescate millonario a cuenta con la Nación.

 

 

 

Cuando las cuentas públicas no cierran y la billetera del Estado provincial empieza a mostrar el fondo, el discurso de la «provincia modelo» se choca de frente con la realidad de la calle. Que los aportes de los laburantes activos no alcancen para cubrir lo que se le debe pagar a quienes ya dieron la vida trabajando es el reflejo más claro de una crisis que se venía venir y que las autoridades ya no pueden tapar con las manos. 

 

 

 

 

Llegar al extremo de tener que salir a las corridas a buscar fondos afuera para no entrar en default con los sectores más vulnerables demuestra que el margen de maniobra local se agotó, dejando en evidencia las fisuras de una administración que camina por la cornisa económica.

 

 

 

 

La confirmación oficial de que la provincia está en el horno llegó este martes 30 de junio de 2026 con la publicación del Decreto N° 711 en el Boletín Oficial. Al no tener resto para bancar los haberes del IPS, el gobernador Hugo Passalacqua y su ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, tuvieron que firmar un convenio de auxilio urgente por $ 50.000 millones con el director ejecutivo de la ANSES, Fernando Omar Bearzi. 

 

 

 

 

La soga al cuello es tan grande que el Gobierno Nacional les va a ir tirando el dinero en 12 cuotas mensuales de más de $ 4.166 millones hasta abril de 2027, todo en concepto de anticipo para tapar el déficit previsional de este año.

 

 

 

 

La realidad es que, si la Nación no mandaba este salvavidas, la caja previsional de Misiones —que nunca fue transferida a la órbita nacional— explotaba en mil pedazos. De la ayuda acordada, una suma de más de $ 41.666 millones ya se tuvo que incorporar de apuro al presupuesto del IPS para frenar la sangría. 

 

 

 

 

Las autoridades tuvieron que reconocer que sin estos fondos no solo corría peligro el sueldo de los abuelitos, sino que se iba a tener que meter la tijera e iniciar fuertes recortes en áreas re contra sensibles de los barrios, como la atención en los hospitales públicos y las pocas obras de infraestructura que quedan en marcha.