Ni Washington ni Teherán ratificaron el tratado de la ONU. Ahora, ambos planean cobrar peajes en la vía marítima más importante del mundo. Impacto en el precio del petróleo.
En un mundo donde las leyes del mar parecen haberse hundido en las profundidades del Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz se ha convertido en el escenario de una rebelión sin precedentes contra las Naciones Unidas. En un giro que pone en peligro el comercio global, tanto Donald Trump como el régimen de Irán han manifestado su intención de imponer peajes a los barcos que atraviesen este canal vital.
Esta movida es técnicamente ilegal bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), el pacto que rige las aguas internacionales desde 1994. Sin embargo, hay un detalle no menor: ni Estados Unidos ni Irán han ratificado el tratado, lo que les permite moverse en un «limbo legal» que hoy amenaza con disparar los costos de la energía a niveles históricos.
La moral de Trump vs. El derecho internacional
Donald Trump fue tajante ante la prensa al declarar que Estados Unidos debería cobrar su propio peaje, respondiendo a la iniciativa unilateral de Irán de arancelar el paso. «No necesito el derecho internacional, solo mi propia moralidad», habría confesado el mandatario al The New York Times, dejando en claro que el statu quo donde las aguas internacionales eran de libre tránsito ha muerto.
¿Por qué es tan grave este desafío?
- Petróleo por las nubes: Por Ormuz circula el 20% del petróleo mundial. Un peaje, por pequeño que sea, se trasladará directamente al precio de la nafta en los surtidores de todo el mundo.
- Efecto Dominó: Expertos como Donald Rothwell advierten que si Irán logra cobrar peajes en tiempos de paz, otras naciones que controlan pasos estratégicos (como el Estrecho de Malaca o Gibraltar) podrían verse tentadas a seguir el mismo camino.
- Saqueo Minero: Estados Unidos no solo desafía el paso de barcos; también anunció que planea otorgar permisos propios para la minería submarina en aguas internacionales, ignorando por completo a la autoridad de la ONU que regula el lecho marino.
Los analistas advierten que el derecho internacional depende exclusivamente del «respeto mutuo». Si las dos potencias en conflicto deciden que el Estrecho de Ormuz es ahora una «autopista privada», el tratado que firmaron 171 naciones podría convertirse en papel mojado, abriendo una era de anarquía en los océanos.





