Una pareja simuló transferencias para llevarse ropa de marca. Tras 14 engaños, cayeron en Oberá con una camioneta robada.
Todo empezó como una relación cordial de clientes «VIP» terminó en una de las estafas informáticas más grandes registradas en el rubro textil de la provincia. Los sospechosos fueron interceptados en la zona centro tras una investigación que unió cabos entre transferencias fantasma y vehículos con pedido de secuestro.
La trama delictiva, que hoy tiene a un hombre de 25 años y a una mujer de 24 tras las rejas, comenzó a tejerse en agosto de 2025. Los señalados no eran desconocidos para los vendedores del local exclusivo de la firma Lacoste en Posadas; durante meses, se encargaron de «invertir» en su propia imagen de clientes solventes realizando compras importantes siempre en efectivo. Sin embargo, una vez ganada la confianza del personal, la modalidad cambió drásticamente.
Bajo la excusa de la comodidad digital, empezaron a realizar pedidos a través de WhatsApp. Para concretar el retiro de la mercadería —que a veces buscaban ellos mismos y otras enviaban a terceros— compartían comprobantes de transferencias bancarias que, a simple vista, parecían legítimos. El problema es que el dinero jamás impactaba en las cuentas de la firma. Para cuando la propietaria del comercio notó las irregularidades en febrero de este año, los «clientes de lujo» ya habían concretado 14 maniobras fraudulentas, dejando un agujero contable de $46.000.000.
Caída en la «Capital del Monte»
La investigación, coordinada por la Fiscalía Especializada en Ciberdelitos, permitió rastrear los movimientos de la pareja hasta la ciudad de Oberá. En un despliegue realizado este jueves bajo el sol abrasador de la tierra colorada —con temperaturas que rozaron los 34°C en la zona centro—, los sospechosos fueron interceptados mientras circulaban en una camioneta Toyota Hilux. Al chequear el dominio del vehículo, surgió otra sorpresa: el rodado tenía un pedido de secuestro vigente por robo en la provincia de Buenos Aires.
En el operativo se secuestraron numerosas prendas de vestir con la famosa etiqueta del cocodrilo, dinero en efectivo y teléfonos celulares que serán clave para desentrañar si hubo más comercios afectados por esta «pareja de oro» del fraude.
Actualmente, ambos permanecen alojados en Posadas, enfrentando cargos por estafa informática en una causa que pone la lupa sobre la seguridad de las transacciones digitales en los comercios de cercanía.
El local afectado, ubicado en una de las zonas comerciales con mayor historia de la capital, hoy sirve como advertencia para todo el sector ante el avance de estas «falsas transferencias».



