caso César Daniel Tizato Arnaldo Richard Cristaldo

El tribunal dio a conocer los fundamentos del fallo de 17 años de prisión. Destacaron que el acusado llevó al chico a un campo alejado, le disparó en el pecho con un rifle reformado y lo tiró al agua con piedras escondidas en la ropa cuando todavía agonizaba. Además, destrozaron su versión de los «desconocidos».

 

A pocos días de conocerse la sentencia que marcó el cierre del debate, la justicia de la capital provincial difundió las razones completas que llevaron a la condena de un empleado de aserradero que también enseñaba artes marciales. En un escrito de 147 páginas, los jueces del Tribunal Penal 2 de Posadas desarmaron una por una las mentiras del acusado y describieron una secuencia de terror y frialdad.

 

 

 

Los magistrados confirmaron que el violento episodio ocurrió el 30 de agosto de 2020 en un campo ubicado entre las localidades de San José y Fachinal. Según el voto del juez que lideró el fallo, Arnaldo Richard Cristaldo se llevó engañado a cazar a César Daniel Tizato, un adolescente de apenas 15 años que era su vecino en el barrio Pindapoy.

 

 

 

 

Aprovechándose de que el chico estaba lejos de la protección de sus padres, en un monte cerrado dentro de la estancia La Rosita (a la altura del kilómetro 32 de la Ruta Nacional 105), el hombre usó su diferencia de tamaño y sus conocimientos de pelea para atacarlo. Le disparó a corta distancia con un rifle de aire comprimido que había sido modificado de forma casera para tirar balas de fuego calibre 22. El plomo le atravesó el pecho al menor, dañándole gravemente el corazón.

 

 

 

 

 

 

 

El peor final y una coartada ridícula

 

 

 

El relato de los jueces se vuelve todavía más crudo al detallar lo que pasó después del disparo. Los forenses encontraron una hoja vegetal en la garganta del chico y restos de agua en la médula, lo que prueba que César Daniel Tizato todavía estaba vivo o agonizando cuando su vecino lo arrojó a una laguna.

 

 

 

 

 

Para asegurarse de que el cuerpo no flotara y el crimen quedara impune, Arnaldo Richard Cristaldo le metió tres piedras gigantescas adentro de la ropa: dos abajo de la campera, en la zona del pecho, y otra pesada abajo del pantalón, a la altura de la pelvis.

 

 

 

 

 

 

 

Al volver al pueblo ese mismo día a las 15:00 horas, el acusado llegó solo y con la ropa mojada desde los pies hasta el ombligo. Ante los familiares desesperados y las patrullas, inventó una historia que los jueces tildaron de «inverosímil»: dijo que el adolescente de 15 años había decidido quedarse en el monte con dos hombres desconocidos que pasaban por ahí. Esas personas nunca aparecieron, nadie las vio y para el tribunal fue solo un invento para ganar tiempo y desviar la búsqueda hacia lugares equivocados.

 

 

Respecto a por qué se le dieron 17 años de cárcel y no la prisión perpetua que pedía la fiscalía por «alevosía» (que significa atacar a traición y sobre seguro), los jueces explicaron que, aunque el hecho fue de una crueldad extrema, con las pruebas del expediente no se pudo reconstruir el segundo exacto previo al disparo ni el motivo de la pelea. Al no saberse el móvil, legalmente no se pudo certificar el agravante máximo, aunque la gravedad del caso se tuvo en cuenta para fijar los años de encierro.