Jornada de drama y tensión en el juicio por Loan. Su mamá, María Noguera, exigió respuestas cara a cara a los imputados y debió ser asistida por médicos.
En una jornada cargada de dolor, la familia del nene desaparecido conmovió a todos los presentes. Hubo cruces directos en la sala, reclamos desesperados por la verdad y atención médica de urgencia.
El avance de los debates orales en casos de desapariciones que conmocionan a todo el país suele reactivar heridas profundas que el tiempo no logra sanar. Cuando los familiares directos se sientan frente a los jueces para revivir las horas más oscuras de sus vidas, el ambiente de la sala de audiencias se vuelve pesado, transformándose en un escenario donde el dolor y la necesidad urgente de justicia chocan de frente con el silencio de los acusados.
La tensión en los tribunales llegó a su punto más alto este martes durante una de las rondas de declaraciones más sensibles del debate. María Noguera, la mamá de Loan, se sentó frente al tribunal y describió el calvario que vive la familia desde hace más de dos años.
Con total desesperación, la mujer recordó el comportamiento sospechoso que observó en dos de los imputados en las primeras horas del hecho: señaló que Carlos Pérez estaba desesperado, «como que algo estaba teniendo», y que Antonio Benítez andaba «muy nervioso» mientras supuestamente buscaban al nene.
El momento más dramático de la jornada ocurrió cuando María apuntó con el dedo a los sospechosos y lanzó una acusación letal en plena cara: «Laudelina y Carlos Pérez me tienen que decir dónde está Loan». Ante semejante reclamo, Pérez interrumpió la audiencia y le respondió a la vista de todos: «Yo no sé nada». Los nervios y el sufrimiento acumulado le jugaron una mala pasada a la mamá del nene, quien terminó descompensándose en medio de la sala mientras le exigía la verdad a Laudelina, por lo que debió recibir atención médica de urgencia en el lugar.
Unas horas antes, José Peña, el padre de la víctima, también conmovió a los presentes al declarar que, al día siguiente de la desaparición, Laudelina les había asegurado que todo «había sido un accidente», cerrando su testimonio con un ruego directo hacia el sector de los detenidos: «Si alguno sabe, que cuente su verdad».
En la misma línea, Mariano, uno de los hermanos del nene, prefirió mantener la mirada fija en los jueces para evitar quebrarse más y concluyó con angustia: «No quiero mirar a ninguno. Me angustia un montón. Ojalá puedan decir algo».






