Más de 200 alumnos de Alem y alrededores no pueden asistir a clases por la rotura de una bomba. Denuncian condiciones de insalubridad y falta de respuestas.
En una provincia que se proyecta al mundo bajo el lema de la vanguardia educativa y la riqueza de sus recursos naturales, la realidad en las aulas a veces choca de frente con carencias básicas del siglo pasado.
Lo que debería ser un ciclo lectivo de aprendizaje y crecimiento se ha transformado, para una comunidad escolar de la zona centro, en una lucha diaria por la salubridad elemental. La situación llegó a un punto de no retorno esta semana, cuando las puertas de las aulas debieron cerrarse ante la imposibilidad de garantizar condiciones mínimas de higiene para alumnos y docentes.
El foco del conflicto se encuentra en el Bachillerato Pedagógico N° 3 de Leandro N. Alem. Desde hace mas de un mes, la institución padece la rotura de una bomba de agua que, pese a los reclamos, nunca fue reparada ni reemplazada. Esta falla técnica ha dejado a la deriva a más de 200 alumnos que llegan diariamente desde distintos barrios de Alem y localidades vecinas como Dos Arroyos y Gobernador López.
Un parche que dejó de funcionar
Durante las últimas semanas, la continuidad pedagógica se sostuvo «atada con alambres» gracias a la asistencia de un camión cisterna municipal que proveía el líquido vital. Lo mas insólitos es que los alumnos para hacer sus necesidades debían llevar agua con baldes al baño.
Sin embargo, esta solución temporal mostró su fragilidad esta semana: ante la ausencia del camión, el establecimiento se quedó totalmente seco.
La convivencia dentro del edificio de más de 35 años de trayectoria se había vuelto insostenible. Sin agua para beber, limpiar las instalaciones o —lo más crítico— para el uso de los sanitarios, los testimonios de quienes asisten al lugar describen un panorama desolador. «El olor en los baños se vuelve insoportable», relataron docentes y alumnos, advirtiendo sobre el foco infeccioso que representa dictar clases en esas condiciones.
Resulta difícil de explicar cómo, en el corazón de una provincia que promociona una «educación de calidad» y que abunda en recursos hídricos, una escuela secundaria deba interrumpir su labor por la falta de una bomba de agua. Mientras el discurso oficial habla de modernización, los alumnos del Pedagógico N° 3 esperan una respuesta que les permita, simplemente, volver a las aulas con dignidad.





