Según la presentación policial, los efectivos actuaron fuera de su jurisdicción, sin uniformes ni balizamiento. El muchacho escapó creyendo que era un asalto y lo tiraron a la cabina.
Un hecho de extrema gravedad institucional convulsiona por estas horas a la zona norte de la provincia. Un joven que circulaba por la Ruta Provincial 101 terminó radicando una denuncia tras ser atacado a balazos por personas que, según se constató más tarde, eran efectivos de Gendarmería Nacional que se encontraban apostados sin uniforme ni identificación oficial.
De acuerdo con lo relatado en la denuncia formal y por allegados al damnificado, todo ocurrió cuando el muchacho regresaba desde Puerto Iguazú y se desplazaba a la salida del parque sobre la mencionada ruta. En un tramo de la arteria fue sorprendido por personas vestidas de civil que salieron de forma imprevista desde la oscuridad, apuntándole a la cara con linternas y armas de fuego.
En medio de la noche y al no observar ningún cono de señalización, patrullero, baliza ni prendas reglamentarias de la fuerza de seguridad, la víctima reaccionó bajo el convencimiento de que estaba siendo víctima de un asalto a mano armada en plena ruta, por lo que aceleró para resguardar su vida y darse a la fuga.
Lo más alarmante del caso sobrevino inmediatamente después: en lugar de acatar los protocolos de actuación que exigen la identificación clara, voces de alto o disparos disuasivos al aire o a los neumáticos, los agresores abrieron fuego directamente contra la cabina del vehículo. Las perforaciones en la carrocería demuestran que las ráfagas de proyectiles iban dirigidas a la altura de la cabeza y el torso del conductor.
Tras lograr huir del alcance de las balas, el joven abandonó la camioneta a los pocos kilómetros y corrió hasta la comisaría más cercana para denunciar lo que creía un violento intento de robo sobre la ruta. Fue en la sede policial donde se enteró con sorpresa de que los involucrados eran presuntamente integrantes de un escuadrón de Gendarmería Nacional con asiento en Bernardo de Irigoyen.
La situación generó una enorme indignación en la comunidad y abrió múltiples interrogantes judiciales, ya que los efectivos se encontraban operando fuera de su jurisdicción habitual, escondidos en la oscuridad, sin ropas oficiales ni elementos que los identifiquen como autoridad, y haciendo uso letal de sus armas de fuego contra un civil desarmado.






