Tras la histórica victoria albiceleste frente a Inglaterra en las semifinales de Atlanta, los futbolistas exhibieron una pancarta sobre la soberanía de las islas. El gobierno de Keir Starmer calificó el hecho de «totalmente inapropiado» y apoyó de manera abierta a España de cara a la gran final de la Copa del Mundo.
Fuente de la imagen,Getty Images
La histórica clasificación de la Selección Argentina a la final de la Copa del Mundo, tras vencer a Inglaterra por 2 a 1 en una vibrante semifinal disputada el miércoles en Atlanta, escaló rápidamente del plano deportivo al diplomático.
El gobierno británico instó formalmente a la FIFA a abrir un expediente de investigación contra la delegación argentina, luego de que varios de sus futbolistas posaron en el campo de juego con una pancarta alusiva al reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas (denominadas Falklands por el Reino Unido).
La disputa territorial sobre el archipiélago del Atlántico Sur —que desencadenó el conflicto bélico de 1982— volvió a encender los debates geopolíticos en pleno certamen mundialista. El ministro de Empresa del Reino Unido, Peter Kyle, fue uno de los portavoces oficiales más severos al calificar la actitud del plantel argentino como «totalmente inapropiada» para un evento deportivo internacional, agregando que espera «que la FIFA lleve a cabo una investigación exhaustiva».
Desde Downing Street, la oficina de prensa del primer ministro británico Keir Starmer respaldó la postura ministerial señalando que, si bien cualquier sanción disciplinaria o medida fáctica contra los jugadores es una competencia «exclusiva de la FIFA», considera indispensable que la casa madre del fútbol investigue lo ocurrido en el estadio norteamericano.
La portavoz oficial de Starmer apeló a la ironía política al declarar ante los medios ingleses: «Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las islas Falklands sin duda lo son». Asimismo, en una inusual muestra de distanciamiento protocolar, transmitió el mensaje del primer ministro deseando «mucha suerte a Argentina y España en la final, especialmente a España», manifestando de forma abierta su preferencia por la consagración del conjunto europeo.
La polémica se encuadra dentro de los estrictos reglamentos de la FIFA, que prohíben de manera taxativa la exhibición de mensajes políticos, religiosos o ajenos al espíritu estrictamente deportivo durante el desarrollo de partidos oficiales del calendario de selecciones.
Mientras la federación internacional evalúa las presentaciones, en la Argentina la imagen de los futbolistas con la bandera de Malvinas ya se convirtió en un símbolo de orgullo que trasciende los límites del campo de juego.





