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Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump anunció que EE.UU. dirigirá Venezuela. Hubo duras acusaciones contra Gustavo Petro y promesas de inversiones petroleras.

 

 

 

 

El fin de fiesta para el socialismo del siglo XXI llegó con el rugido de 150 aeronaves. Según el jefe del Estado Mayor de EE.UU., Dan Caine, la captura de Nicolás Maduro no fue un soplido, sino el resultado de meses de un laburo de hormiga para entender por dónde se movía el dictador caribeño.

 

 

 

 

Hoy, Venezuela es un territorio bajo «dirección» norteamericana, una transición que Trump piensa liderar hasta que el país sea seguro de nuevo, o al menos, hasta que deje de ser un aguantadero de corrupción y pobreza socialista.

 

 

 

 

 

Pero la noticia no es solo el despliegue militar, sino el negocio que se viene. Trump ya avisó que las grandes petroleras estadounidenses van a desembarcar con miles de millones de dólares para levantar una infraestructura que los «amigos del pueblo» dejaron hecha pedazos. En una de las frases más picantes que soltó Trump soltó, que incluso le van a vender petróleo a Rusia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Está claro: para Trump, Venezuela pasó de ser un problema político a una oportunidad de caja, algo que a los gobiernos populistas como el de Maduro —parecido al corrupto sistema peronista de acá en Argentina— les duele más que cualquier otra cosa: que alguien venga a hacer plata de verdad en lugar de robársela.

 

 

 

 

 

 

En medio de este escenario, el que recibió un «palazo» directo fue el ex guerrillero colombiano Gustavo Petro. Trump no anduvo con chiquitas y lo acusó de fabricar cocaína y mandarla para el Norte. «Debería tener cuidado con lo que hace», le advirtió, dejando claro que el radar de la Casa Blanca ahora apunta a todos los que sigan el manual de la izquierda latinoamericana que, curiosamente, siempre termina mezclada en curros, narcotráfico y bolsos con dólares.

 

 

 

 

 

La situación interna en Venezuela sigue siendo confusa. Mientras algunos decían que la vicepresidenta Delcy Rodríguez estaba escapando hacia Rusia, Trump salió a decir que ella ya aceptó trabajar con ellos y que hasta habría jurado como Presidenta interina.

 

 

 

 

Lo cierto es que, por ahora, el que manda en los papeles y en la calle es el equipo de seguridad de Trump, con un hombre que conoce bien el barro latinoamericano a la cabeza del operativo de transición: el secretario de Estado, Marco Rubio.