Una de las plantas industriales más grandes de Misiones redujo su personal esta semana. La incertidumbre crece ante el impacto social en la comunidad.
En una ciudad donde el empleo industrial es el corazón de la economía, el sonido de las máquinas ha sido reemplazado por la angustia de las notificaciones que llegan al buzón. El impacto no solo afecta a los trabajadores, sino a todo el circuito comercial de la región.
Un imán de inversiones que pierde fuerza
Eldorado se consolidó durante la última década como un refugio para la manufactura a gran escala. Mientras otras provincias veían cómo sus plantas cerraban —como ocurrió en su momento con los polos industriales de la provincia de Buenos Aires—, el norte misionero lograba absorber esa demanda, convirtiéndose en el epicentro de la fabricación de calzado deportivo para las marcas internacionales más prestigiosas del mundo.
Sin embargo, el escenario nacional ha cambiado. La retracción del consumo interno, el aumento de los costos operativos y la inestabilidad en la cadena de suministros han creado una tormenta perfecta que golpea directamente a las líneas de montaje. La estructura que antes parecía inquebrantable hoy muestra grietas profundas que se traducen en una sola palabra: ajuste.
El goteo incesante de la desocupación
Durante los últimos días, el clima en las inmediaciones de la planta ha sido de una tensa calma. No hubo ruidos de protesta, sino un desfile silencioso de dudas. Los trabajadores relatan que la situación se ha vuelto insostenible y que el rumor de las desvinculaciones, que sobrevolaba el sector desde hace meses, finalmente se materializó en papel.
La preocupación escaló rápidamente al ámbito político y social, ya que el achicamiento de esta empresa en particular significa un golpe directo al consumo local; menos sueldos en la calle equivalen a menos ventas en el almacén de barrio y en el comercio del centro.
El desenlace de esta semana ha sido devastador para el tejido social de la zona. Tras la confirmación oficial del gremio, se supo que la cifra de familias afectadas asciende a 43 empleados despedidos. Esta decisión, que marca un nuevo capítulo de crisis en la emblemática fábrica DASS, fue ratificada por el delegado de los trabajadores, Gustavo Melgarejo.

