El Banco Central volvió a endurecer el cepo cambiario: quienes compren dólares oficiales no podrán operar en el MEP por 90 días. La medida busca frenar arbitrajes y proteger reservas.
La fragilidad cambiaria volvió a encender las alarmas en el Banco Central. En medio del ensanchamiento de la brecha entre el dólar oficial y las cotizaciones financieras, la autoridad monetaria resolvió reinstalar la restricción cruzada: desde este viernes, las personas que accedan al mercado oficial no podrán operar en el dólar MEP durante 90 días.
La norma, plasmada en la comunicación “A” 8336, no limita el monto que se puede comprar en los bancos, pero corta la posibilidad de aprovechar la diferencia de precios entre mercados. El objetivo es claro: contener la presión sobre las reservas del BCRA y frenar el arbitraje que vaciaba divisas del sistema oficial.
El cepo cruzado había sido levantado en abril, cuando el Gobierno había prometido una salida gradual de las restricciones. Sin embargo, el repunte de la brecha y la presión sobre los dólares paralelos forzó un giro en la estrategia.
Federico Furiase, director del Banco Central, explicó que la medida no apunta a limitar el ahorro personal sino a impedir que los dólares oficiales terminen abasteciendo a los mercados financieros. “La medida del BCRA no impide que las personas humanas compren dólares para ahorrar en el mercado libre de cambios. Pueden comprar los que su situación patrimonial les permita. Lo que no permite es que con esos dólares abastezcan el mercado de dólares financieros. La decisión busca evitar distorsiones en el mercado de cambios”, aseguró.
Analistas privados, como Juan Manuel Truffa, remarcan que el trasfondo político es ganar tiempo: menos demanda privada en el mercado oficial significa más margen para que el Gobierno acumule reservas, condición clave para sostener la estabilidad en un año donde la economía sigue en tensión.
El dilema, sin embargo, es que el regreso del cepo refuerza la señal de que la normalización del mercado cambiario está lejos. Y cada paso atrás en la liberalización erosiona la confianza, un recurso tan escaso como los dólares.

