Un informe de la Fundación Mediterránea reveló cuáles son las provincias que más dependen del Estado y las dificultades para generar empleo en blanco en 2026.
El mercado laboral argentino funciona a velocidades completamente distintas según la provincia que se mire. El mapa de la ocupación demuestra que las fronteras internas no son solo geográficas, sino también productivas: las jurisdicciones que sufren por la falta de un sector empresarial fuerte terminan refugiando a su población en las dependencias públicas, un escenario que se vuelve crítico en medio del plan de achicamiento estatal que impulsa el gobierno nacional.
Al poner la lupa sobre el empleo público, el promedio de las provincias argentinas se ubica en 50 estatales cada 1.000 habitantes. Sin embargo, la brecha entre los extremos es gigante. Córdoba se consolida como la provincia con el Estado más chico en términos relativos, registrando apenas 33 empleados públicos cada 1.000 habitantes, seguida en ese pelotón bajo por Buenos Aires con 38, Santa Fe con 41 y Mendoza con 45.
En la otra vereda, Tierra del Fuego lidera cómodamente el ranking estatal con 141 empleados públicos cada 1.000 habitantes, lo que significa que cuadruplica la marca cordobesa. El podio de alta dependencia estatal lo completan La Rioja y Neuquén con 111 trabajadores cada una, seguidas por Santa Cruz con 109 y Catamarca con 100. En una posición intermedia, pero por encima de la media nacional, aparece la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con 64 estatales cada 1.000 habitantes.
Este fenómeno, según analiza la economista Laura Caullo, investigadora de la Fundación Mediterránea, responde directamente a las asimetrías de la estructura productiva del país. El peso del empleo estatal se vuelve central en aquellas regiones donde el sector privado es prácticamente inexistente o no tiene la fuerza necesaria para absorber la oferta de trabajadores disponibles.
El escenario se vuelve todavía más complejo al contrastarlo con la política nacional, ya que desde la asunción de Javier Milei, más de 66.000 personas dejaron de pertenecer a la planta del Estado y de las empresas públicas, sumando dependencias nacionales, provinciales y municipales.
El espejo invertido del sector privado y una reactivación que no derrama
Cuando se analiza el empleo privado registrado, el mapa nacional se da vuelta casi por completo. El promedio del país es de 144 trabajadores formales en empresas cada 1.000 habitantes. Aquí la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se despega del resto con un indicador de 519 empleados privados cada 1.000 habitantes, aunque el informe aclara que este número está inflado porque cerca de medio millón de esos trabajadores en realidad viven en el Gran Buenos Aires y viajan diariamente a la capital.
Detrás se ubican Neuquén con 219 y Tierra del Fuego con 198 privados, dos jurisdicciones muy particulares impulsadas por el negocio de la energía y el régimen de promoción industrial.
El verdadero problema aparece en el fondo de la tabla. Formosa muestra la densidad privada más baja del país con apenas 37 trabajadores formales cada 1.000 habitantes, escoltada por Santiago del Estero con 52 y Chaco con 64. Como se puede ver, las provincias con menos empresas registradas son exactamente las mismas que muestran los índices más altos de empleo público.
Para colmo, la reactivación económica que transita la Argentina durante este 2026 todavía no logra convertirse en un motor generador de empleo de calidad. El relevamiento de la Fundación Mediterránea advierte que, durante el último año, cerca de 100 mil trabajadores asalariados privados en blanco perdieron sus puestos. El bache se terminó cubriendo con opciones mucho más frágiles e inestables: se sumaron más de 90 mil nuevos registros de monotributistas y creció con fuerza el empleo en negro (no registrado).
La explicación de este freno laboral está en el sesgo que tiene la mejora económica actual. Los sectores que están volando y mostrando los mejores números de inversión —como la energía, la minería, la agroindustria y el sector exportador— son muy dinámicos para generar divisas, pero tienen poca capacidad para contratar personal de forma masiva.
De hecho, estos rubros estrella representan apenas el 3% del empleo total del país y solo el 7% del empleo asalariado privado registrado. El gran desafío de acá en adelante será lograr que la tan mencionada estabilidad macroeconómica deje de ser solo un indicador financiero y se transforme en puestos de trabajo estables, mejores ingresos y un crecimiento real en las calles de todas las provincias.

