Un repaso profundo por la inflación, el malhumor social, las causas judiciales que salpican al poder y la estrategia electoral del oficialismo.
(Nota de opinión) El escenario político y económico de la Argentina en este marzo de 2026 presenta una dualidad que desconcierta tanto a mercados como a ciudadanos. Por un lado, el presidente Javier Milei insiste en una promesa audaz: llegar a agosto con «inflación cero».
Por el otro, la realidad de la calle muestra signos de fatiga social, con un índice de precios que se resiste a perforar el 2,9% mensual y una desocupación que escaló al 7,5%.
El propio ministro Luis Caputo reconoció recientemente las dificultades para domar la desinflación, admitiendo que no se puede forzar la confianza de los agentes económicos en el peso. Esta «travesía del desierto» —como se denomina internamente al paso de una economía subsidiada a una abierta— tiene ganadores y perdedores claros.
Mientras el campo y la energía «vuelan» con anuncios récord de inversión, el consumo interno está deprimido, la industria opera a mitad de su capacidad y la mora en las familias comienza a ser un semáforo amarillo para el sistema bancario.
El desafío de Milei no es técnico, sino de expectativas. El plan parece estar bien diseñado, pero el tiempo juega en contra. Para fines de 2026, el bolsillo del votante deberá sentir el beneficio del superávit financiero y el elogio del FMI, o el malhumor social podría complicar el capital político del Gobierno.
A esto se suma el frente judicial: la causa Libra y los cuestionamientos éticos a funcionarios del entorno presidencial han dado oxígeno a una oposición que busca desgastar la bandera de «superioridad moral» del oficialismo.
En el plano judicial, la reaparición de Cristina Kirchner culpando a la actual gestión por sus indagatorias parece más un ejercicio de retórica política que una realidad procesal. Las causas que enfrenta la expresidenta, como la de los cuadernos, tienen una génesis muy anterior a la irrupción de Milei en la política. Sin embargo, en el barro de la opinión pública, estas «casualidades» temporales son utilizadas para alimentar el relato del «circo sin pan».
Finalmente, el tablero hacia 2027 muestra a un Milei cómodo ante una oposición dispersa. Con la propuesta de eliminar las PASO, el oficialismo busca fragmentar aún más a Juntos por el Cambio, mientras Mauricio Macri intenta reanimar a un PRO que, según varios de sus propios dirigentes, ya ha sido absorbido por la identidad libertaria.
En Argentina, la política es el arte de lo posible, pero hoy, el éxito de ese arte depende exclusivamente de que el «horizonte» prometido por Milei empiece a verse antes de que se agote la paciencia del desierto.

