La fábrica de cerámicos Ilva en Pilar cerró y despidió a más de 300 empleados. Los trabajadores reclaman el pago de indemnizaciones y apoyo del Gobierno.
La crisis industrial sigue golpeando fuerte. Esta vez, la fábrica de pisos y revestimientos cerámicos Ilva, ubicada en Pilar, cerró sus puertas a comienzos de septiembre y dejó a más de 300 trabajadores en la calle.
El conflicto, que lleva más de un mes, se debe al cese total de la producción, la falta de pago de indemnizaciones y la decisión de la empresa de avanzar con despidos masivos y retiros voluntarios.
Pese a que el Ministerio de Trabajo dictó una conciliación obligatoria —que vence en breve—, no hubo acuerdo. En la última audiencia, el representante legal de la compañía no presentó ninguna propuesta de pago, lo que encendió aún más la tensión con los trabajadores y los gremios.
Durante la jornada de hoy, hubo cortes de acceso al Parque Industrial de Pilar, donde está la planta, como parte de las medidas de protesta.
Desde la Federación Obrera Ceramista (FOCRA) advirtieron que no aceptarán el cierre de una fábrica clave para el sector y pidieron al Gobierno que intervenga. Según el gremio, la empresa presionó a los empleados para aceptar retiros en condiciones inferiores a las que marca la ley.
El cierre de Ilva refleja la profunda crisis de la industria cerámica en el país: caída del consumo, apertura de importaciones, suba de costos y tarifas que afectan la producción. Según datos del sector, las ventas de cerámicos se desplomaron entre un 25% y un 30% en el último año.

