La exclusión de figuras clave en eventos partidarios desata una guerra de poder en el oficialismo misionero. Cumbre de intendentes, autocrítica inédita y carpetazos judiciales.
Por primera vez en años, el oficialismo provincial dejó ver su enorme grieta producto de las disputas por el poder real dentro de la estructura. Parece que después del rebranding estratégico, luego de sepultar al viejo sello y crear el nuevo espacio político, las heridas afloraron de forma inocultable, desatando una verdadera interna a cielo abierto.
Todo empezó porque en la presentación del partido, relanzado por el máximo líder del espacio, Carlos Eduardo Rovira, su cuñado, el Gobernador de la Provincia, no fue invitado. En la foto principal estuvieron todos los aspirantes al ticket por la gobernación: «Lalo» Stelato, Lucas Spinelli, Oscar Herrera Ahuad, pero de Hugo Passalacqua parece que se olvidaron.
Esta actitud puso con los pelos de punta al autodenominado «passalacquismo», sector que saltó de inmediato a pedir explicaciones sobre este llamativo vacío. Sobre todo, después de que el mandatario había reconocido sus intenciones de ir por la reelección. Todo indica que al “líder” no le gustó mucho que el Ejecutivo saliera a probarse el traje de candidato sin contar con “la bendición” oficial, un clásico faux pas en la política tradicional.
El que salió a romper la omertá y reconocer que Passalacqua no fue invitado fue el propio ministro Coordinador, Carlos “Kaco” Sartori, uno de los soldados más fieles del Gobernador. Aquel que cuando se desató lo más ácido de la interna y varios intendentes empezaban a “mirar con cariño a Maurice Closs”, Passalacqua aplicó un shock de gestión: desplazó a “Kico” Llera y arrastró rápidamente a “Kaco” a la «rosadita» para alinear a unas filas del interior que estaban al borde del desbande.
Sartori venía de presidir la CODEIM y, por lo tanto, se movía como “pez en el agua” en el lobby y el trato con los intendentes. Llera ya casi ni aparecía por el interior y pretendía manejar el territorio desde un escritorio en Posadas. Pero “Kaco”, además de su know-how territorial, es sangre pura del “passalacquismo”, y eso le devolvía la tranquilidad al Gobernador.
Pero, lejos de calmar las aguas, la realpolitik se volvió más áspera. Sobre todo, después de que Rovira reunió a los intendentes en la Legislatura para lo que parecía ser el “funeral de la renovación”. Allí, ungió a cuatro referentes para rearmar “la tropa” en el interior: Sebastián Macias, “Lalo” Stelato, Lucas Spinelli y Oscar Herrera Ahuad. Passalacqua volvió a quedar marginado de ese think tank territorial; luego, desde el entorno explicaron que, a esas tertulias, conocidas irónicamente como “la escuelita de Rovira”, los gobernadores nunca fueron invitados.
Lo verdaderamente extraño es que el pasado 24 de abril, en la “Casa de la Militancia” en Posadas, durante el rebautismo oficial del espacio, Passalacqua volvió a estar ausente y la temperatura escaló drásticamente en la disputa entre “los cuñados”.
Como el Gobernador vio que lo estaban dejando sistemáticamente afuera del armado, apeló a una demostración de hard power: mandó a su «lacayo» “Kaco” a organizar una cumbre de intendentes en Ruiz de Montoya. El objetivo era enviarle un mensaje claro al establishment de Posadas: ustedes manejan la militancia en la capital, pero el que moviliza a las bases del interior es el Ejecutivo, y es su funcionario quien tiene el poder de convocatoria real para juntar a todos.
La jugada funcionó: 67 intendentes se congregaron en Ruiz de Montoya el pasado martes 19 de mayo. En su discurso, Passalacqua sentenció que “las acciones son más poderosas que las palabras” y reconoció que perdieron las elecciones pasadas por un claro problema de conexión con la sociedad. Una autocrítica inédita, considerando que hasta entonces la conducción nunca había admitido fallas; es más, cuando perdieron las elecciones, aplicaron un apagón mediático, suspendiendo conferencias y manteniendo un silencio absoluto.
Lo más fuerte de su alocución fue la frase: «No creo en las jerarquías, creo en los roles y las responsabilidades». Un misil teledirigido al máximo jerarca, su cuñado Rovira. Passalacqua dejó en claro que la única forma de garantizar la gobernabilidad y llegar a la gente es a través del puente de los intendentes.
En esa misma reunión, los alcaldes firmaron un documento exigiendo su cuota de poder: quieren más participación política, ser consultados a la hora de armar las listas y tener peso en la toma de decisiones. Algo que históricamente no ocurre, ya que todo se define desde Posadas y los referentes del interior solo acatan.
Pero en política no hay pases gratis, y la rebelión del «passalacquismo» iba a tener sus costos. El primero en ser arrojado a los leones fue el propio “Kaco” Sartori, de quien, instantáneamente y como por arte de magia, salieron a la luz sus «negocios turbios»: malversación de caudales públicos, administración fraudulenta, incumplimiento de los deberes de funcionario, falsificación de documentos, asociación ilícita y enriquecimiento ilícito.
El funcionario viene hace años dentro de la estructura, pero —oh, casualidad—, de la noche a la mañana el sistema «descubrió» que «metió la mano en la lata». Un carpetazo de manual.
Los arrepentidos
Tras el impacto de la cumbre, comenzó el damage control. Algunos intendentes más allegados al rovirismo puro y a otros sectores empezaron a despegarse, declarando que no sabían de qué se trataba el encuentro; juraron que pensaban que era una reunión de trabajo y que, una vez adentro, se dieron cuenta de que en realidad era una “juntada” para «bancar» a Passalacqua.
El intendente de Caa-Yarí Gabriel Friedrich dijo que no estaba enterado de que se trataba la reunión: “Pensé que era una reunión de trabajo por la situación económica de los municipios, no una reunión política».
La intendenta de Santa Ana Mabel Pezoa, estuvo en la reunión política organizada por Rovira en la legislatura y fue exclusivamente a pedirle disculpas por haber firmado el acta acuerdo de Ruiz de Montoya y casi llorando dijo “Estamos con usted”.
El Intendente de Candelaria, Carlos Flores también salió a decir que estuvo en la reunión con el Gobernador pero que sabe reconocer “quien es el gobernador y quien es el conductor”.
Sin embargo, desde las trincheras del sector de Passalacqua, el fuego cruzado siguió. Carlos Sartori cruzó definitivamente el límite y afirmó que a Passalacqua lo “ningunearon”, reconociendo abiertamente que la reunión en Ruiz de Montoya fue, en efecto, un acto de respaldo político al Gobernador en medio de la feroz interna.
Este jueves Rovira lanzó un contra ataque, reunió a un grupo de militantes en el salón de las Dos Constituciones de la Cámara de Representantes, entre otras cosas dijo que en el 2027 no va a ser candidato a nada. Dejando en offside a los intendentes que se juntaron para bancar a Passalacqua. Algunos de ellos fueron casi de rodillas a pedirle perdón al “conductor” por haber ido, casi “engañados” a la juntada del pasalacquismo.
Mientras tanto, el statu quo se mantiene roto y la interna sigue su curso, aunque desde las altas esferas de la dirigencia hagan esfuerzos denodados para que la grieta no se siga filtrando.

