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La Iglesia se metió en el barro por la baja de imputabilidad y Bullrich no tardó en saltar

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La Conferencia Episcopal pidió un abordaje integral tras el crimen de Jeremías Monzón. Patricia Bullrich cruzó fuerte a Kicillof por oponerse a la medida: «Siempre del lado de los delincuentes»

 

 

 

El debate por la baja de la edad de imputabilidad volvió a encenderse en la Argentina, esta vez con la Iglesia sentando posición y la política sacándose chispas. Tras el doloroso crimen de Jeremías Monzón en Santa Fe, la Conferencia Episcopal Argentina lanzó un comunicado que busca poner un freno a la idea de que «encerrar más chicos» es la solución mágica a la delincuencia juvenil.

Bajo el título “Para los jóvenes, más educación y más comunidad”, los obispos advirtieron que centrar la discusión solo en la pena es simplificar un problema que nos interpela a todos. «¿En serio creemos que los establecimientos penitenciarios son la solución?», se preguntaron, recordando que muchas veces las cárceles terminan siendo «universidades del delito» en lugar de lugares de reinserción. Para la Iglesia, la clave está en fortalecer a la familia y la escuela, antes de pensar en las rejas.

Bullrich vs. Kicillof: El round de siempre

 

 

 

Pero mientras la Iglesia pide «mirada humana», en el barro de la política la temperatura vuela. La jefa de bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, no dejó pasar las declaraciones del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, quien se había manifestado en contra de bajar la edad.

Axel Kicillof Gobernador de Buenos Aires

Fiel a su estilo directo y sin vueltas, Bullrich lo cruzó en redes sociales: «Queda claro que no le importa ni la seguridad ni las víctimas. Siempre del lado de los delincuentes». La funcionaria fue más allá y desafió al gobernador: «¿Se animará a decirle en la cara a las familias que perdieron a un hijo a manos de un menor que no hay que cambiar la ley y que no le molesta que estén en su casa, libres y sin consecuencias?».

¿Solución de fondo o parche?

 

 

 

 

El debate queda entonces partido en dos aguas bien claras:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo cierto es que, mientras los dirigentes se tiran con todo, la realidad en las calles sigue siendo la misma: menores que entran y salen de las comisarías, y familias que quedan destrozadas esperando una justicia que parece no llegar nunca.

 

 

 

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