Detrás de cada acuerdo electoral que negocia el oficialismo nacional con los gobernadores hay mucho más que el reparto de candidaturas: entran en juego vicegobernaciones, intendencias capitalinas, sillas en los gabinetes y el envío de fondos. La última palabra la tiene Karina Milei.
De cara al turno electoral de 2027, en Balcarce 50 avanza una discusión puertas adentro que va mucho más allá de armar listas: qué tanto territorio pedir a cambio de bancar la continuidad de un gobernador aliado. Sobre la mesa aparecen, según trascendió, la candidatura a vicegobernador, la intendencia de la ciudad capital de cada provincia y una porción cercana a la mitad del gabinete provincial.
Karina Milei conserva la última palabra sobre cada distrito. Eduardo «Lule» Menem funciona como uno de sus principales nexos con los mandatarios provinciales, llevándole las propuestas que van surgiendo caso por caso.
El oficialismo busca retener lugares fuertes en las listas al Senado, aunque se muestra más flexible cuando se trata de las nóminas de diputados nacionales. Ahí entra en juego el esquema de colectoras que impulsa el Ejecutivo: una herramienta pensada para que los candidatos legislativos de gobernadores sin postulante presidencial propio acompañen la boleta de Javier Milei.
En el entorno presidencial lo resumen así: la herramienta está pensada para los mandatarios que no compitan por la presidencia.
Fondos y ATN, la otra cara de la negociación
Los acuerdos también tienen un correlato económico. El Gobierno analiza el uso de Aportes del Tesoro Nacional (ATN), obras y otros mecanismos financieros como parte de la relación con las provincias. De hecho, ya reactivó este año transferencias que estaban frenadas: tras dos meses sin distribución, seis provincias recibieron 5.000 millones de pesos cada una en concepto de ATN, además de ampliarse convenios de asistencia financiera.
Un mapa con matices provincia por provincia
La estrategia nacional no es uniforme y varía según la correlación de fuerzas locales.
En la Patagonia, el oficialismo se prepara para competir de manera directa contra Gustavo Melella en Tierra del Fuego y descarta, por ahora, un entendimiento con Claudio Vidal en Santa Cruz, a quien en despachos nacionales le adjudican pérdida de respaldo dentro de su propio espacio.
El panorama es distinto en Chubut, donde pese a las diferencias públicas con Ignacio Torres existe un borrador de acuerdo que Karina Milei todavía evalúa. Si ese entendimiento no avanza, el plan alternativo es competir con César Treffinger. En Río Negro y Neuquén, en cambio, el oficialismo prevé ir sin acuerdo frente a Alberto Weretilneck, apostando en el segundo caso a la candidatura de Nadia Márquez.
En Cuyo, la negociación más compleja pasa por Mendoza, donde el Gobierno conversa con Alfredo Cornejo los términos de una eventual PASO y la distribución de intendencias bajo un esquema que, según pudo saberse, se manejaría «en general de mitades». La tensión de fondo es la resistencia del gobernador radical a que Luis Petri dispute su sucesión.
En el centro del país, la Casa Rosada avanza en entendimientos con San Juan y San Luis —con más fricciones en el caso de Claudio Poggi— y arma en Córdoba una coalición de aliados para enfrentar al peronismo de Martín Llaryora, con Gabriel Bornoroni como candidato libertario a gobernador.
También proyecta acuerdos con Maximiliano Pullaro en Santa Fe y con Rogelio Frigerio en Entre Ríos, mientras en Chaco busca renovar la alianza con Leandro Zdero sin resignar un candidato propio para la intendencia de Resistencia.
¿Qué pasa con Misiones?
El norte del país presenta el escenario más adverso para los gobernadores aliados al oficialismo nacional: allí el plan libertario es competir de manera directa contra los mandatarios de Salta, Tucumán, Jujuy y Catamarca, y presentar alternativas propias también en La Rioja, Formosa y Misiones.
La provincia queda así del lado de los distritos donde La Libertad Avanza no negociaría un acuerdo con el poder local, sino que apostaría a construir una estructura propia para disputar espacio político.
En la provincia de Buenos Aires, en cambio, el Gobierno proyecta el acuerdo de mayor escala: busca reunir a La Libertad Avanza con sectores del PRO y la UCR para pelearle la gobernación al peronismo, con concesiones más amplias que en el resto del país.
La discusión de fondo, sin resolver
Todo este armado territorial está atado además a la estrategia legislativa: tras las dificultades que atravesó la Ley de Propiedad Privada en el Senado, el oficialismo busca construir una mayoría más estable apoyada en los senadores libertarios, la UCR y el interbloque Impulso País.
Puertas adentro del Gobierno, sin embargo, persiste una tensión de fondo: hasta dónde conviene involucrarse en gestiones provinciales que La Libertad Avanza podría integrar sin tener la conducción.
Un sector plantea disputar la mayor cantidad posible de ministerios e intendencias; otro advierte que compartir gestión implica asumir costos políticos ajenos que después podrían complicar la construcción de una alternativa propia de cara a 2031.







