El efectivo trabajaba como llavero y debía custodiar las pertenencias de los detenidos. El dueño de la billetera notó el faltante ni bien recuperó la libertad y la Dirección de Asuntos Internos lo descubrió a través de las cámaras de seguridad de los comercios.
Un caso de corrupción y total deslealtad institucional sacude por estas horas a la Policía de Misiones. Un agente que debía velar por la seguridad y el cuidado de los ciudadanos terminó tras las rejas, acusado de meterle la mano en los bolsillos a un hombre que estaba alojado provisoriamente en los calabozos de la fuerza.
La investigación comenzó a moverse el pasado 1 de junio. El día anterior, el 31 de mayo, un vecino de 45 años había recuperado la libertad tras pasar unas horas bajo arresto por una contravención menor en la Comisaría Decimonovena de Posadas.
Al revisar con tranquilidad sus pertenencias personales, el hombre se dio cuenta de que le faltaba una de sus tarjetas de crédito, la cual debía estar guardada bajo llave junto con el resto de sus cosas en el sector de resguardo de la seccional. Sin dudarlo, el vecino se presentó ante las autoridades para radicar la denuncia por el faltante.
Al tomar conocimiento de la gravedad de la acusación, la Dirección de Asuntos Internos se puso a trabajar codo a codo con los investigadores de la propia comisaría para reconstruir minuciosamente el camino de los gastos. Así fue como lograron rastrear los movimientos bancarios, los horarios exactos de las compras y los locales comerciales de la ciudad donde se usó el plástico denunciado.
El llavero infiel y la purga institucional
Las sospechas se confirmaron de la peor manera cuando los sabuesos judiciales consiguieron las grabaciones de las cámaras de seguridad de los negocios involucrados. Al mirar los videos de los mostradores, identificaron de forma nítida al principal sospechoso: se trataba de un agente que prestaba servicios en esa misma dependencia cumpliendo el rol de llavero, es decir, el encargado directo de vigilar los calabozos y tener la custodia de los presos y de los efectos personales de cada uno de ellos.
Con todas las pruebas recolectadas sobre la mesa, el juez de instrucción que interviene en la causa penal no dudó y dictó la orden de detención para el policía. Al mismo tiempo, la Jefatura de Policía reaccionó de manera drástica y ordenó apartar preventivamente de la fuerza al implicado, mientras avanzan en paralelo las actuaciones en los tribunales y el sumario administrativo interno para echarlo definitivamente de la institución.

