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Allanamiento en el barrio Bartel de San Javier. Un hombre de 31 años fue denunciado por amenazar a su tía con un arma y la Policía le secuestró droga y balanzas.

 

 

 

San Javier. Lo que arrancó como una de esas típicas peleas familiares por un corte de agua terminó destapando una olla mucho más pesada en el barrio Bartel. Todo empezó el pasado 28 de diciembre, cuando una mujer de 30 años se cansó de los maltratos de su sobrina y la pareja de esta, y fue derecho a la Comisaría de la Mujer para cantarles la justa.

 

 

 

Según la denuncia, después de una discusión por el agua en la casa que comparten, el hombre de la casa, un sujeto de 31 años, no tuvo mejor idea que sacar un arma de fuego para intimidar a su propia tía. Lo que el «valiente» no tuvo en cuenta es que la tía no se iba a quedar de brazos cruzados. La denuncia llegó al Juzgado de Instrucción 5 de Alem, que no tardó nada en firmar la orden de allanamiento para ir a buscar el fierro.

 

 

 

 

Sorpresa en el ropero Este lunes por la tarde, cuando los efectivos irrumpieron en el domicilio del acusado, se encontraron con algo que no estaba en el libreto original. Entre los muebles no solo buscaban el arma de las amenazas, sino que saltó a la vista marihuana, cuatro bolsas para envoltorio y tres celulares. Lo que terminó de confirmar las sospechas de que ahí funcionaba un punto de venta fue el hallazgo de una balanza de precisión en pleno funcionamiento.

 

 

 

 

Ante el hallazgo, tuvo que intervenir la División de Drogas Peligrosas de la UR-VI. Con el okey de la Justicia Federal de Oberá, se procedió al secuestro de toda la mercadería, cuyo valor en la calle ronda los 700 mil pesos. El tipo, que empezó el día creyéndose un pistolero, terminó la jornada fichado por infracción a la Ley Nacional de Estupefacientes.

 

 

 

Libre, pero «marcado» Por ahora, la Justicia dispuso que el hombre continúe en libertad supeditada, pero ya tiene dos causas que le pisan los talones: una por las amenazas de muerte a su tía y otra mucho más complicada por narcotráfico.

 

 

 

En San Javier, el que se hace el malo por un poco de agua, a veces termina con la Justicia Federal golpeándole la puerta.