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Un hombre de Campo Grande denunció un falso robo de su camioneta en Ruiz de Montoya. La Policía descubrió que todo era una mentira para cobrar el seguro. El vehículo estaba oculto.

 

 

 

Ruiz de Montoya / Campo Grande. Lo que empezó como un «relato salvaje» terminó siendo una estafa barata que no aguantó ni dos horas de investigación. Un vecino de Campo Grande se presentó este lunes a la noche en la comisaría de Ruiz de Montoya con una historia de película: dijo que mientras venía por la Ruta Nacional 12, un par de motochorros le hicieron señas de luces y, cuando frenó, lo encañonaron para robarle su Chevrolet Blazer.

El hombre dio detalles, describió el susto y hasta señaló el lugar del supuesto asalto. Pero los investigadores de la Unidad Regional IV no nacieron ayer. Al empezar a revisar las cámaras de seguridad de la zona y cruzar los datos técnicos, se dieron cuenta de que la historia hacía agua por todos lados. Las piezas no encajaban y el «damnificado» se empezó a pisar solo.

La mentira tiene patas cortas (y galpón propio) La presión de la investigación hizo que la verdad saltara rápido: el robo nunca existió. El tipo había inventado todo el circo para ver si podía «manotear» la plata del seguro. En un operativo relámpago coordinado con la gente de la Unidad Regional XI, los policías fueron derechito a un galpón en el barrio Gendarmería de Campo Grande.

Efectivamente, ahí estaba la Blazer, «vivita y coleando». El dueño del galpón, que no quería saber nada con líos legales, les cantó la justa a los uniformados: el propio dueño del vehículo le había pedido permiso para guardarla ahí un par de días. O sea, el tipo denunció el robo en un pueblo mientras tenía la camioneta escondida en el fondo de la casa de un conocido en su propio barrio.

De «víctima» a procesado El Juzgado de Instrucción N.º 2 de Jardín América no tuvo piedad ante semejante tomada de pelo. Ordenó que se deje de buscar a los supuestos delincuentes (que solo existían en la cabeza del denunciante) y que el hombre sea notificado de una causa por falsa denuncia.

Ahora, el frustrado estafador se quedó sin el pan y sin la torta: tiene la camioneta «fichada», el seguro no le va a dar ni un caramelo y encima tiene un antecedente penal que le va a costar caro. En Misiones, parece que la picardía para cobrar guita de arriba ya no pasa tan fácil el filtro de los de azul.