Diego Santilli retoma en enero las reuniones con gobernadores para asegurar los votos de la reforma laboral que impulsa Javier Milei. Las provincias miran con desconfianza el impacto fiscal.
Con enero en el horizonte y las sesiones extraordinarias ya en carpeta, Diego Santilli volverá a activar la rosca política con los gobernadores para conseguir los votos que el Gobierno necesita en el Senado. El objetivo es claro: que la reforma laboral impulsada por Javier Milei no naufrague cuando llegue al recinto en febrero.
Según fuentes al tanto de los movimientos del oficialismo, el ministro del Interior retomará las reuniones apenas arranque el año, con una agenda abierta y sin nombres confirmados. Por ahora, ningún gobernador tiene el encuentro agendado, aunque todos saben que el llamado llegará.
El respaldo de las provincias es clave. Si bien La Libertad Avanza logró mejorar su posición en la Cámara Alta y ya cuenta con dictamen, los números siguen siendo finos y cada voto cuenta. Ahí aparece el factor que incomoda: la plata.
Dentro del proyecto hay capítulos que generan ruido en las provincias, especialmente los vinculados a Impuesto a las Ganancias y la reducción de la carga tributaria. Los gobernadores advierten que esos cambios pueden golpear de lleno la recaudación coparticipable, algo que en un contexto de ajuste no están dispuestos a resignar fácilmente.
Desde el Senado admiten que hay preocupación, incluso entre mandatarios que mantienen buen vínculo con la Casa Rosada. En particular, la eliminación de impuestos vinculados a la venta de inmuebles y la baja de Ganancias para empresas en las escalas más altas encendió las alarmas.
“No podemos acompañar una reforma que nos quite recursos sin ningún tipo de compensación”, deslizan desde el Norte del país, donde varias provincias dependen en gran medida de esos fondos. El planteo no es nuevo, pero ahora aparece con más fuerza.
En el oficialismo lo saben. En Balcarce 50 reconocen que la negociación no será sencilla y que los gobernadores juegan con una carta conocida: los ATN. El Gobierno tiene el Presupuesto, pero las provincias reclaman transferencias y promesas que, hasta ahora, siguen en veremos.
Santilli tendrá la tarea de convencer uno por uno, en un escenario donde muchos mandatarios —en especial los alineados al peronismo— miran la reforma con desconfianza. No solo por el impacto económico, sino también porque rompe con un sistema laboral que durante años fue funcional al aparato político y sindical.
En la Casa Rosada admiten que el texto podría sufrir retoques, aunque aseguran que no están dispuestos a vaciarlo de contenido. La pulseada ya empezó y enero será clave para saber si la reforma llega viva a febrero.

