El intendente Julio Barreto confirmó que el municipio debió suspender programas de educación, salud y asistencia alimentaria. Advirtió que la economía local cayó un 40%.
Esta vez, quien alzó la voz con un diagnóstico crudo fue el intendente de Montecarlo, Julio «Chun» Barreto. En una entrevista que dejó al descubierto la fragilidad de las arcas locales, el jefe comunal reconoció que la gestión entró en un «modo supervivencia» donde la prioridad absoluta es apenas pagar sueldos y recolectar la basura.
Para Barreto, la situación llegó a un límite donde las tijeras del ajuste tuvieron que tajar áreas que antes eran intocables. “Entregábamos 16 millones de pesos para educación y salud y tuvimos que cortar”, disparó sin vueltas, dejando claro que el municipio ya no tiene resto para sostener programas que eran clave para la contención social de los vecinos.
Números en caída libre y el «fantasma» de Brasil
El impacto no es solo presupuestario, sino que se siente en la calle y en los comercios. Según el análisis del Ejecutivo municipal, la parálisis total de la obra pública —una de las principales banderas del Gobierno nacional— generó un efecto dominó que hizo retroceder la economía de Montecarlo cerca de un 40%.
Este enfriamiento económico trajo consigo un fenómeno que ya se ve en Andresito y otras localidades fronterizas: el éxodo de mano de obra. Al no haber laburo en las obras locales ni en las industrias castigadas, muchos vecinos están cruzando la frontera para probar suerte en las cosechas brasileñas, buscando el oxígeno que el peso argentino ya no les da.
Los recortes que duelen
La lista de suspensiones en Montecarlo es larga y afecta directamente a los sectores más vulnerables:
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Salud y Educación: Suspensión total de la asistencia financiera que sumaba 16 millones.
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Asistencia Alimentaria: Reducción drástica en la entrega de módulos y ayuda directa.
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Proyectos en Marcha: Paralización de obras de infraestructura que estaban en plena ejecución.
«Somos la primera línea de contención social, pero los recursos ya no alcanzan», se lamentó Barreto, resumiendo el sentimiento de muchos intendentes que ven cómo la demanda de ayuda crece en sus puertas mientras las cuentas bancarias del municipio se vacían. La Capital del Trabajo hoy lucha para que la crisis no le quite, precisamente, su razón de ser.

