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Máxima tensión entre dos Gobiernos sudamericanos tras repetidos cruces verbales

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El conflicto político entre los dos países vecinos sumó un nuevo capítulo y provocó cambios drásticos en el funcionamiento de sus embajadas.

 

 

Un choque institucional de gran escala sacude la diplomacia regional y pone al límite la convivencia entre dos naciones vecinas. La acumulación de acusaciones directas y discursos cruzados que se venían repitiendo durante las últimas semanas terminó por volar los puentes formales, provocando decisiones drásticas en las sedes diplomáticas que marcan un enfriamiento histórico en el Mercosur.

 

 

Reducción del nivel diplomático y embajadores que no vuelven

 

 

La determinación formal se tomó este martes. Desde el Palacio de Itamaraty, sede de la Cancillería brasileña, llamaron de urgencia al embajador argentino Daniel Raimondi para avisarle cara a cara que redujeron la representación diplomática al nivel de «encargado de negocios» y que ya podía armar las valijas para volver a la Argentina. Al mismo tiempo, confirmaron que el embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, tampoco regresará a su puesto.

 

 

 

Si bien la maniobra no llega a ser una expulsión ni una declaración formal de persona «non grata», en el lenguaje de las relaciones internacionales es un verdadero manotazo sobre la mesa: significa bajarle el rango a la relación y dejar las embajadas operadas por funcionarios de menor jerarquía mientras dure la tormenta política entre Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei. Desde el entorno del gobierno de Brasil aclararon a agencias internacionales que la medida se va a sostener mientras no frenen los ataques.

 

 

 

Insultos, duras acusaciones y guiños electorales

 

 

El detonante final de este cierre de puertas fue la última seguidilla de declaraciones del presidente argentino. El pasado lunes, durante una entrevista brindada a un canal de streaming, Milei volvió a subir el tono y tildó de «ladrón» y «corrupto» a su par brasileño. Además, metió la cuchara en la política interna del país vecino al desear públicamente que el opositor Flávio Bolsonaro gane las elecciones presidenciales convocadas para el próximo 4 de octubre, soltando que espera que «Brasil también se pinte de azul».

 

 

 

Durante ese mismo reportaje, el mandatario libertario disparó sin filtro: «Por el bien de los brasileños, sacarse a los corruptos y chorros de encima siempre es bueno. Sacarse a los zurdos siempre es bueno de encima». No conforme con eso, remarcó que Lula «estuvo preso» y lo acusó de haber metido la mano en las elecciones argentinas del 2023 para beneficiar al candidato Sergio Massa.

 

 

 

Desde Brasilia remarcaron que estas palabras no fueron un hecho aislado. El domingo anterior, en otra entrevista televisiva, el libertario ya le había dicho «ladrón» y «corrupto» a Lula cuatro veces seguidas. Para la diplomacia brasileña, esta insistencia demostró que desde la Casa Rosada no hay ninguna intención de aflojar y que las vías de diálogo estaban completamente dinamitadas.

 

 

La respuesta oficial de Cancillería argentina

 

La respuesta de la Cancillería argentina no tardó en llegar a través de un comunicado oficial donde lamentaron el achique de la representación diplomática dictado por Brasil. Desde el Palacio San Martín aseguraron que fue una decisión tomada de forma unilateral y criticaron duramente a la administración de Lula, afirmando que el país vecino «continúa aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas».

 

 

En el texto oficial, el Gobierno argentino remarcó que, más allá de los chispazos y cruces políticos que se dieron entre dirigentes en los últimos años, la Argentina «nunca respondió a una diferencia política con una medida institucional». Asimismo, insistieron en que las relaciones internacionales tienen que estar enfocadas en «los intereses permanentes de sus pueblos» y no en las apetencias personales o políticas de quienes gobiernan, ratificando que la diplomacia nacional seguirá defendiendo la soberanía y el mandato de las urnas.

 

 

Antecedentes del conflicto en San Pablo

 

 

Este cortocircuito arrancó días atrás cuando Milei viajó a San Pablo para meterse de lleno en un acto partidario junto a Flávio Bolsonaro, referente de la derecha e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. En esa visita, el libertario no sólo apuntó contra Lula sino que cargó duro contra el juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, magistrado clave en la causa que terminó con la condena de Jair Bolsonaro por intentar un golpe de Estado y que hoy lo tiene en prisión domiciliaria.

 

 

 

Aquel episodio hizo que el gobierno brasileño llamará a consultas a su embajador Bitelli en Buenos Aires. Aunque el canciller argentino Pablo Quirno intentó en las últimas jornadas apagar el fuego con declaraciones para bajar los decibeles, los nuevos insultos de Milei terminaron tirando por la borda cualquier intento de tregua, abriendo una enorme incógnita sobre el futuro económico y comercial entre los dos gigantes del bloque regional.

 

 

 

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