Ex jefes de la Armada declararon ante el tribunal de Río Gallegos. Aseguran que fallas eléctricas impidieron realizar las pruebas de seguridad antes de la última misión.
El juicio que busca determinar las responsabilidades penales tras la desaparición del ARA San Juan ha entrado en una fase crítica este lunes en el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos. Las audiencias, que se reanudaron con las declaraciones de testigos propuestos por la fiscalía, sacaron a la luz un dato que estremece a los familiares y complica la situación de la cadena de mando de la Armada: el submarino nunca llegó a completar sus pruebas técnicas de máxima exigencia antes de su última misión.
Según lo que averiguó Revista Enterate, los testimonios de ex jefes navales coinciden en que la unidad no había superado las instancias de control de velocidad y profundidad, dos ensayos que resultan vitales para garantizar la seguridad de la tripulación en condiciones de navegación extrema.
Pruebas clave que nunca se realizaron
Uno de los testimonios más contundentes fue el de Fabián Walter Krawinkel, quien se desempeñó como jefe de Logística y Planificación hasta su retiro en 2019. Ante el tribunal, el ex capitán de navío fue tajante: “Nunca se realizaron las pruebas clave, que son las de máxima profundidad y máxima velocidad”. Krawinkel explicó que estas maniobras quedaron truncas debido a fallas técnicas persistentes, específicamente mencionó un porta fusible que se había fundido.
La explicación técnica no es menor: en un submarino, la densidad de equipos eléctricos es tan alta que cualquier falla de este tipo representa un riesgo de incendio inminente. Según el testigo, estos problemas eléctricos impidieron que el ARA San Juan fuera sometido a la presión máxima que su casco debía soportar y a la potencia total de sus motores en la denominada «quinta etapa de marcha».
La pérdida de control en las profundidades
Por su parte, Víctor Manuel Pereyra, quien fue comandante de la unidad entre 2014 y 2015 durante su reparación en Mar del Plata, aportó una visión técnica sobre la rigurosidad de estos protocolos. Pereyra enfatizó que la máxima velocidad es un ensayo exigente que solo se autoriza una vez que todas las instancias previas de seguridad están aprobadas y certificadas.
Al momento de su asunción, faltaban numerosas pruebas de mar para alcanzar ese nivel de operatividad.
Visiblemente afectado por el recuerdo de sus camaradas, Pereyra aventuró una hipótesis técnica ante el juez: el submarino pudo haber perdido el «control de la profundidad» antes del desenlace fatal. Esta teoría sugiere que, ante una falla técnica no testeada previamente, la nave pudo haber descendido más allá de su límite de colapso sin que la tripulación pudiera maniobrar para estabilizarla.
El contexto actual del juicio
Para la fiscalía, estos nuevos testimonios refuerzan la idea de que el submarino zarpó sin contar con las certificaciones técnicas necesarias, lo que pondría en jaque la responsabilidad de quienes autorizaron su despliegue hacia el Atlántico Sur.
Las audiencias continuarán durante toda la semana, con la expectativa de que nuevos peritos técnicos confirmen si estas omisiones en los ensayos fueron determinantes en la tragedia que se cobró la vida de los 44 tripulantes.
