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Wanda en pie de guerra: un «peaje» municipal que solo trae menos turistas y bolsillos más flacos

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La polémica Tasa Eco Turística genera un rechazo total. Comerciantes denuncian una caída estrepitosa en las ventas y culpan a la gestión municipal por la falta de tacto.

 

 

 

 

 

 

 

Lo que la Municipalidad de Wanda presentó como una herramienta para mejorar la infraestructura, se transformó en tiempo récord en el certificado de defunción para muchas ventas del sector minero.

La gestión de la intendente parece haber ignorado una regla básica del turismo: si castigás al visitante antes de que baje del auto, lo más probable es que no quiera gastar ni un peso más en el resto del pueblo. O peor aún, que no vuelva nunca más.

Desde que se plantó el puesto de cobro de la Tasa Eco Turística en el acceso externo, el malestar en la zona de las minas se corta con cuchillo. Los comerciantes y artesanos, que son los que reman el día a día para que Wanda sea un destino atractivo, ven con impotencia cómo los turistas llegan al mostrador con «pocas pulgas» después de haber sido interceptados en la ruta para pagar un tributo que nadie les explicó bien para qué sirve.

Menos ventas y turistas con cara de pocos amigos

 

 

 

 

 

 

 

 

El impacto en la economía real de la gurisada que labura en los complejos es innegable. El cuestionamiento a la medida no es solo por el monto, sino por la falta de estrategia:

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Recaudación para quién?

 

 

 

 

 

 

 

La intendencia se aferra a los porcentajes de la Ordenanza 22/2025, hablando de fondos para infraestructura y fiestas provinciales. Pero la pregunta que se hacen los vecinos en la manifestación de Cuatro Bocas es simple: ¿De qué sirve tener un fondo de infraestructura si ya no van a quedar turistas para usarla?

La falta de diálogo con los dueños de los emprendimientos mineros es el punto más flojo de esta gestión. Haber impuesto una tasa sin consensuar con los que conocen el paño demuestra una desconexión total con la realidad de la calle.

Hoy, Wanda no brilla por sus piedras, sino por el conflicto de una medida recaudatoria que está secando la fuente de trabajo de cientos de familias. Si no hay marcha atrás, el daño a la «marca» de las minas podría ser irreversible.

 

 

 

 

 

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